Conciencia y responsabilidad de protagonistas
Pero aguantan todos gracias al modo en que el Padre Santiago Alberione plantea el problema. Aquellos ataques, por mucho mal que hagan a su sensibilidad de “fósforo”, no turban nunca su serenidad con los muchachos. Ante cualquier inconveniente, fracaso o incidente – incluso un incendio en casa – nunca hace victimismo, sino que habla más bien de falta de fe- Y de falta por su parte, en primer lugar.
“Sólo tengo dos preocupaciones”, les dice a sus muchachos en una meditación de 1918: “Que yo no soy aún suficientemente bueno y vosotros no sois aún suficientemente santos. Solamente tengo estas dos preocupaciones, no tengo otras, lo demás no cuenta …”
Burda pedagogía que no deja tranquilos, sino que da a cada uno conciencia y responsabilidad de protagonista. A partir de aquí es como se forman los hombres y las mujeres dispuestos a salir en cualquier dirección sin apoyos ni ayudas, entrenados para afrontar dificultades y obstáculos incluso en ambiente católico. Así es como se combate la tendencia a la autocompasión y se enseña a tener ideas grandes en la misma pequeñez y casi en lo invisible, y las futuras apóstoles se cuentan con los dedos de la mano.
Veamos ahora cómo actúa el pequeño grupo, siguiendo las relaciones de Alberione al obispo. Ya en febrero de 1916 empezó una pequeña venta de libros, dirigida por la encargada de las niñas del taller. Rige el criterio de la máxima autosuficiencia posible, de modo que hay que pensar por su cuenta incluso en muchos problemas de cocina, luego hace falta una maestra de elemental regularmente diplomada. A esta empresa se dedica Angela Boffi, sostenida por el Señor Teólogo, el cual puede anunciar al obispo en 1918 que ha podido conseguirse la habilitación magistral y que la Boffi prepara ahora a otras tres futuras maestras.
Mientras tanto, la lista de las “ocupaciones” se enriquece: “Taller femenino para externas; venta de libros y objetos religiosos (…); catecismo; composición tipográfica” También las muchachas, por tanto, han de vérselas con los caracteres de prensa. Ya conocen la imprenta “Pequeño obrero” y saben que sus jóvenes compositores e impresores son futuros sacerdotes, novísimos hombres de apostolado. Pero también para las “hijas” se abrirá el mismo camino Más aún, el comienzo es inmediato, con el trabajo complementario de plegado y cosido a mano de los libros, con la confección y expedición de los paquetes. Por fin se pasa a la composición (1917) con una sola aprendiz, al menos al principio. En ese momento la cúpula de la institución femenina está formada por tres personas: Alberione, Director; la Boffi, Directora; y Teresa Merlo, asistente, con inicial minúscula.
El grupito de las internas acude a la parroquia de los Santos Cosme y Damián para las prácticas religiosas, pero no sólo. El canónigo Chiesa, párroco desde 1913, ha puesto inmediatamente en marcha una iniciativa fundamental para la instrucción religiosa: la formación de nuevas profesoras de catecismo, mediante cursos trienales de conferencias semanales, con exámenes cada año y diploma final de “magisterio catequístico” Seguirá un cuarto año de conferencias quincenales de carácter ascético.
Pero hay algo más. Tras un curso de ejercicios en agosto de 1914 nace en la parroquia la Liga catequística, en cuyo estatuto resulta claro que la formación de las catequistas tendrá una dimensión espiritual fuertemente marcada: ejercicios y retiros, meditación cotidiana, adoración eucarística y actividades que hoy denominaremos de voluntariado.
Éste es el clima en el que se forman las primeras “hijas “ y dos en particular: Angela Boffi, la más anciana en edad, y con ella Teresa Merlo, que frecuenta el segundo y tercer año del primer curso y las sucesivas conferencias de ascética. A todo ello se añade naturalmente la obra del P. Alberione, que acude directamente al taller para sus conferencias o lecciones, dadas sin cátedra ni bancos, bien en el taller, bien en la cocina. Se cuenta asimismo que a los muchachos de la Escuela Tipográfica les explicaba la filosofía de Tomás de Aquino mientras preparaba la polenta.
Y aquí, hablando de muchachos, hay un punto capital de historia que conviene aclarar. Después de hacerse tipógrafos, estos seminaristas dan ya los primeros pasos hacia la vida de religiosos. El día 8 de diciembre de 1917, fiesta de la Inmaculada Concepción, en la Escuela Tipográfica ante el P. Alberione con sobrepelliz y estola, cuatro de ellos han renovado – esta vez de forma oficial – los votos ya emitidos de forma privada. Un paso realmente histórico, subrayado según el uso tradicional por el cambio de nombre. Eran José Giaccardo (que se convierte en Timoteo) Miguel Ambrosio (Doménico), Desiderio Costa (Juan Crisostomo) y Bartolomé Marcellino (Pablo) El mismo día emitía los mismo votos Torcuato Armani , entonces en el servicio militar en Novara, tomando el nombre de Tito.
El 29 de junio de 1918, mientras las tropas italianas están ganando contra Austria la batalla decisiva llamada “del Solsticio”, también las Hijas dan un paso hacia el estado religioso, en la fiesta de los santos Pedro y Pablo. Pero se trata apenas del paso inicial, que consiste en renovar juntas los votos todavía de forma completamente privada. Y las que asumen el compromiso son sólo tres: Ángela M. Boffi, Teresa Merlo y Clelia Calliano. Una ceremonia rápida y casi conspiradora, muy temprana, con ellas tres y el P. Alberione, sin que las demás se enteren. En una palabra, que el camino es muy largo aún.
Pero Teresa no siente impaciencia, ni siquiera la calificada de “santa”. Sabe perfectamente que la formación no se acelera por decreto. Y por otra parte no es de las que suspiran por la casa lejana y la familia abandonada. Su opción ha sido muy meditada, y por tanto no hay nostalgias, nunca. Más bien perdura en ella el recuerdo afectuoso de sus seres queridos y del amor que le han profesado, sobre todo en su delicada infancia. Ahora en las cartas que escribe a casa hay una especie de anhelo de contrapartida, desde la serenidad de su nuevo estado.
Como leemos en una carta del verano de 1916 a su madre. “Queridísima mamaíta, quisiera decirte para tu onomástico muchas cosas bellas, pero no puedo expresar lo que siento. Ciertamente no te has separado (separado, no alejado) de tu Teresa sin un doloroso desprendimiento. (…) Si ya cada día mejor, varias veces al día, rezo por ti, el día de tu onomástico lo haré más entrañablemente. (…) Quiero que mi mamá pueda obtener todas las gracias que desea, para sí, para los hijos soldados y para los demás hijos que tiene a su lado.”
El tema de los hermanos en el frente la lleva después a dirigirse al padre. Héctor: “Querido papá, también tú tienes necesidad de consuelo y de valor ¿no es verdad? Siento una vez más deseo de daros las gracias por la educación cristiana que me habéis dado, la aprecio y os la agradezco una vez más…”
En 1918, último de la primera guerra mundial, ha estallado una letal epidemia de gripe, llamada “la española” por su lugar de origen, pero que luego se extendió a casi toda Europa e incluso a los Estados Unidos. Los muertos se cuentan por centenares y miles, los afectados son millones. Primero las familias de los soldados temían recibir el funesto telegrama ministerial con un anuncio de muerte luchando; ahora también los soldados temen noticias trágicas de casa. La “española” ataca sin piedad, matando a jóvenes y viejos, débiles y fuertes.
Por ejemplo: en el “Taller Femenino” Clelia Calliano era sin duda la más robusta e incluso la más alegre. Una de las primeras, procedente de Corneliano d´Alba, que ponía el mismo entusiasmo para aprender el arte de la prensa que para arreglar la cocina. La epidemia la ha atacado y acabado con ella a los 26 años apenas. Ha muerto la tarde del 22 de octubre de 1918, mientras en torno a su lecho las compañeras recitaban el quinto misterio glorioso del Rosario. Refiere el clérigo José Giaccardo que Clelia, antes de morir, susurró al P.Alberione: “Si el Señor me deja vivir, quiero consagrar todas mis fuerzas a la prensa; aunque sólo tenga que ocuparme de la cocina y de barrer el lugar donde las demás trabajan, me parece que ya es mucho. Si muero, ofrezco mi vida por la buena prensa…”
En Susa como en Belén
Clelia ha muerto mientras el P. Alberione meditaba sobre una aventura inesperada, pero su desaparición no ha detenido los proyectos. Más aún, los ha hecho quizás más atractivos y urgentes: nuevo trabajo para ella.
Le había llegado al P. Santiago una propuesta de Monseñor José Castelli, obispo de la alpina diócesis de Susa, siempre en el Piamonte, provincia de Turín. Quería emprender las publicaciones de la Valsusa, el semanario diocesano suspendido por falta de personal. El obispo le proponía al señor Teólogo que enviara a Susa a sus jóvenes para poner nuevamente en marcha todo aquello. (Tal vez desconocía que en aquel momento en Alba había una sola muchacha capaz de componer y ninguna sabía de compaginación) Planteada por el fundador la cuestión en sus términos más realistas y menos descorazonadores, la respuesta de Teresa Merlo llegó inmediata y tranquila: “Diga al obispo que acepta” Y éste fue el parecer de todas las demás.
El viático del P. Alberione a las que partían, leído con nuestros metros, no parece hecho para entusiasmar: “Id; estaréis en Susa tres o cuatro años y trabajaréis en silencio; luego el Señor hará algo por vosotras.” Pero raramente llegaron a Susa muchachas más felices que ellas, cinco en total, ricas en pobreza, a su primer invierno en la montaña-.
Colaboracion de Romina "Rochi" Agnoletti
Este blog, para gozo de los Cooperadores Paulinos, es para informar al publico en general sobre la Pia Sociedad de San Pablo, su fundador, El Beato Alberione y la Madre Techla Merlo, alguien muy importante dentro de la Sociedad. Aqui veran publicados tambien articulos diferentes de interes para el Catolico de a pie y toda la Iglesia. Yo le oro a la Santisima Trinidad que me guie en esta tarea. Por favor oren por mi como yo lo hago por ustedes y la Familia Paulina. Que DIOS siempre les bendiga !
Saturday, May 17, 2008
Sunday, May 4, 2008
Ordinario de la Misa Tridentina
Con la liberacion de la Misa Tridentina por Su Santidad Benedicto XVI muchos fieles nos vemos en la necesidad de conocer sobre esta liturgia.
COOPERATOR
ORDINARIO DE LA MISA
PRIMERA PARTE DE LA MISA
La primera parte de la Misa va del comienzo al Ofertorio. Es la Misa de los Catecúmenos; Sirve de preparación al Santo Sacrificio propiamente dicho.
Nos preparamos por medio de la Oración, la Alabanza y la Instrucción.
Oraciones: Oraciones al pie del altar. - Kirye. - Oraciones.
Alabanza: Introito. - Gloria. - Gradual. - Aleluya.
Instrucción: Epístola. - Evangelio. - (Sermón). - Credo
El Sacerdote recita alternadamente con el monaguillo, el salmo Judica me, que expresa la tristeza, la confianza y la alegría:
Tristeza por vivir en la tierra del exilio, en medio de un mundo corrupto y enemigo de Dios, expuestos al pecado.
Confianza en la misericordia Dios Padre, cuyo Hijo Jesús ha muerto para expiar nuestros pecados, y que nuevamente sobre el altar nuevamente va a pedir perdón por nosotros.
Finalmente alegría, al pensar en subir al altar, después de haber obtenido la paz de una buena conciencia.
Este es el sentimiento de alegría que debe dominar en nosotros cada vez que asistimos a Misa. La asistencia a Misa debe ser para nosotros una dulce obligación, sobre todo los domingos.
(MISA DE LOS CATECÚMENOS)
1. - Ejercicio preparatorio
De rodilas
Una vez que el Celebrante ha preparado el Cáliz en el altar y ha registrado el Misal, baja las gradas, hace la genuflexión al Santísimo Sacramento encerrado en el Sagrario y empieza con la señal de la Cruz, diciendo (y todos los asistentes con él):
Y luego prosigue, alternando con el Monaguillo:
Sacerdote: Introibo ad altare Dei. Sacerdote: Entraré al altar de Dios
Monaguillo: Ad Deum qui laetificat juventutem meam. Monaguillo: Hasta Dios, que alegra mi juventud.
Salmo 42
(Se omite en las Misas de Difuntos y en las feriales del Tiempo de Pasión)
Sacerdote: Júdica, Deus, et discerne causam meam de gente non sancta: ab homine iniquo, et doloso erue me. Sacerdote: Juzgame oh Dios y defiende mi causa contra la gente malvada: del hombre perverso y enganador librame.
Monaguillo: Quia tue es, Deus, fortitudo mea: quare me repulisti et quare tristis incedo dum affligit me inimicus? Monaguillo: Siendo tu, oh Dios mi fortaleza como me siento yo desamparado, y porque ando triste al verme molestado por mi enemigo? -
Sacerdote: Emitte lucem tuam, et veritatem tuam: ipsa me deduxerunt, et adduxerunt in montem sanctum tuum, et in tabernacula tua Sacerdote: Enviame tu luz y tu verdad: ellas me han de guiar y conducir a tu santo monte, y a tu morada del Cielo
Monaguillo: Et introibo ad altare Dei: ad Deum qui laetificat juventutem meam. Monaguillo: Y entrare al altar de Dios: hasta Dios que es ;a a;egria de mi juventud.
Sacerdote: Confitebor tibi in cithara Deus, Deus meus: quare tristis es, anima mea, et quare conturbas me? Sacerdote: Y te alabare con la citara, oh Dios , Dios mio: por que estas triste, alma mia, t por que me turbas?
Monaguillo: Spera in Deo, quoniam adhuc confitebor illi : salutare vultus mei, et Deus meus. Monaguillo: Espera en Dios; pues aun he de celebrarte como a mi Dios y Salvador.
Sacerdote: Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sacerdote: Gloria al Padre y al Hijo y al Espiritu Santo
Monaguillo: Sicut erat in principio, et nunc, et semper; et in saecula saeculorum. Amen. Monaguillo: Como era en un principio y ahora y siempre y en los siglos de los siglos. Amen
Sacerdote: Introibo ad altare Dei. Sacerdote: Entraré al altar de Dios
Monaguillo: Ad Deum qui laetificat juventutem meam. Monaguillo: Hasta Dios, que alegra mi juventud.
Sacerdote: Adjuctorium nostrum in nomine Domini. Sacerdote: Nuestro socorro esta en el Senor,
Monaguillo: Qui fecit caelum et terram. Monaguillo: Que hizo el cielo y la tierra
Acto de Contrición y Absolución
Para acercarnos a Dios debemos humillarnos y reconocernos públicamente pecadores, rezando, después del Celebrante, el Acto de contrición, y recibiendo de él la absolución de las faltas veniales:
Sacedote: Confiteor Deo ... Sacedote: Yo pecador, etc.
Todos:
Misereatur tui omnipotens Deus, et dimissis peccatis tuis, perducat te ad vitam aeternam. Dios todopoderoso tenga misericordia de ti, y perdonados tus pecados, te lleve a la vida eterna. -
Sacerdote: Amen... Sacerdote: Así sea
Todos:
Confiteor Deo omnipotenti, beatae Mariae semper Virgini, beato Michaeli Archangelo, beato Joanni Baptistae, Sanctis Apostolis Petro et Paulo, omnibus Sanctis, et tibi Pater; quia peccavi nimis cogitatione, verbo et opere, (dándose tres golpes de pecho) mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa; Ideo precor beatam Mariam semper Virginem, beatum Michaelem Archagelum, beatum Joannem baptistam, sanctis Apostolos, Petrum et Paulum, omnes Sanctos, et te Pater, orare pro me ad Dominum Deum nostrum. Yo, pecador, me confieso a Dios todopoderoso, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos y a vos, Padre; que pequé gravemente con el pensamiento, palabra, y obra, (dándose tres golpes de pecho) por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos, y a vos, Padre, que roguéis por mí a Dios nuestro Señor.
Sacerdote: Misereatur vestri Omnipotens Deus, et dimissis pecatis vestris, perducat vos ad vitam aeternam. Sacerdote: Dios todopoderos tenga misericordia de vosotros, y, perdonados vuestros pecados, os lleve a la vida eterna.
Monaguillo: Amen. Monaguillo: Así sea.
Sacerdote: Indulgentiam, absolutionem U et remissionem peccatorum nostrorum, tribut nobis omnipotens, et misericors Dominus. Sacerdote: El Señor todopoderoso y misericordioso nos conceda la absolución U y el perdón de nuestros pecados.
Monaguillo: Amen. Monaguillo: Así sea.
Sacerdote: Deus, tu conversus vivificabis nos. Sacerdote: Oh Dios, vuélvete a nosotros y nos darás la vida.
Monaguillo: Et plebs tua laebitur in te. Monaguillo: Y tu pueblo se alegrará en Ti.
Sacerdote: Ostende nobis, Domine, misericordiam tuam. Sacerdote: Muéstranos, oh Señor, tu misericordia.
Monaguillo: Et salutare tuum da nobis. Monaguillo: Y sálvanos.
Sacerdote: Domine, exaudi orationem meam. Sacerdote: Señor, escucha mi oración.
Monaguillo: Et clamor meus ad te veniat. Monaguillo: Y mi clamor llegue hasta Ti.
Sacerdote: Dominus vobiscum. Sacerdote: El Señor sea con vosotros.
Monaguillo: Et cum spiritu tuo. Monaguillo: Y con tu espíritu.
El Celebrante sube al altar
Obtenido con todo esto el beneplácito del Señor, el sacerdote junta las manos, y, subiendo las gradas del l altar, besa la piedra del mismo (la piedra del Sacrificio o piedra sagrada).
Este beso al altar, significa el respeto, la veneración, el amor del Sacerdote por Jesucristo, representado por el altar.
La piedra del altar, siempre contiene las reliquias de Santos Mártires. Besando el altar, el Sacerdote muestra su unión con todos los Santos glorificados, reunidos en Christo, su Señor, y nos recuerda la obligación de ofrecernos, de inmolarnos como los Santos, si es que verdaderamente queremos participar del Sacrifico de Jesucristo.
Sacerdote: Aufer a nobis, quaesumus, Domine, iniquitates nostras: ut ad Sancta Sanctorum puris mereamur mentibus introire. Per Christum Dominum nostrum. Amen Sacerdote: Borra, oh Señor, nuestras iniquidades, para que merezcamos entrar con pureza de corazón al Santo de los Santos, por Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.
E inclinado sobre el altar, continúa diciendo:
Sacerdote: Oramus te, Domine, per merita Sanctorum tuorum, quorum, reliquiae hic sunt, et omnium Sanctorum: ut indulgeris omnia peccata mea. amen Sacerdote: Rogámoste, Señor, que por los méritos de tus Santos, cuyas Reliquias están aquí (y besa el altar), y por los de todos los Santos, te dignes perdonarme todos mis pecados. así sea.
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PRIMERA INCENSACIÓN
(Se omite en las misas rezadas y en las cantadas de Difuntos)
El diácono presenta al Celebrante la naveta con el incienso y le pide que lo bendiga, diciendo:
Diácono: Benedicite, Pater reverende. Diácono: Y mi clamor llegue hasta Ti.
Sacerdote: Ab illo bene U dicaris, in cujus honore cremaberis. amen. Sacerdote: Bende U cido seas por Aquél en cuyo honor vas a ser quemado. Así sea.
El humo del incienso simboliza la oración de los Santos, y la nuestra, que sobre todo durante la Misa debe dirigirse hacia Dios igual que el incienso que se eleva al cielo.
La incensación del altar es un homenaje de adoración a la Majestad divina, y una señal de reverencia a las reliquias de los Santos y al mismo altar.
Antes de incensar, el Sacerdote, en honor de la Santísima Trinidad, pone en tres veces el icienso en el fuego del incensario, y lo bendice haciendo el signo de la Cruz. Después, inciensa primero la Cruz del altar, después las reliquias del mismo, y después al altar. Seguidamente, es incensado tres veces el Sacerdote, porque él representa a Jesucristo y es el Ministro de Dios.
2. - Introito
(Cambia cada día y se encuentra en el Propio del Misal)
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Los fieles siguen de rodillas
3. - Kyries y Gloria (1)
El Celebrante va al centro del altar, y dice:
Kyrie, eleison (3 veces) ¡Señor, ten piedad de nosotros! (3 veces)
Christe eleison (3 veces) ¡Jesucristo, ten piedad de nosotros! (3 veces)
Kyrie, eleison (3 veces) ¡Señor, ten piedad de nosotros! (3 veces)
Se unen todos al Celebrante diciendo:
Gloria in excelsis Deo, et in terra pax hominibus bonae voluntatis. Laudamuste. Benedicimus te. Adoramuste te. Glorificamus te. Gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam. Domine Deus, Rex coelestis, Deus Pater omnipotens. Domine Filii unigenite Jesu Christe, Domine Deus, agnus Dei, Filius Patris, Qui tollis peccata mundi, miserere nobis. Qui tollis peccata mundi, suscipe deprecationem nostram. Qui sedes ad dexteram Patris, miserere nobis. Quoniam tu solus sanctus. tu solus altisimus Jesu Christe. Cum Sancto Spiritu U in gloria Dei Patris. Amen. Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombre de buena voluntad. Te alabamos. Te bendecimos. Te adoramos. Te glorificamos. Te damos gracias por tu grande gloria. Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Omnipotente. Señor, Hijo unigénito Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre. Tú que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros. Tú, que quitas los pecados del mundo, recibe nuestra suplica. Tú, que estás sentado a la diestra de Dios Padre, ten piedad de nosotros. Porque Tú sólo eres santo. Tú el sólo Señor. Tú el sólo Altísimo, Jesucristo. Con el Espíritu Santo (hacen la señal de la cruz) U en la gloria de Dios Padre. Así sea. - El Señor sea con vosotros. - Y con tu espíritu.
Sacerdote: Dominus vobiscum. Sacerdote: El Señor sea con vosotros.
Monaguillo: Et cum spiritu tuo. Monaguillo: Y con tu espíritu.
4. - Oración-Colecta
(Cambia cada día y se encuentra en el Propio del Misal)
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Puede haber dos, tres o más "Colectas", según el rito y la categoría de la fiesta. Los fieles pueden contentarse con la primera, que es la principal.
5. - 1ª Lectura bíblica: La Epístola
(Cambia cada día y se encuentra en el Propio del Misal)
Terminada la epístola responde el Diácono: Deo Gratias.)
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6. - Salmodia: Gradual - Aleluya -Tracto
(Cambia cada día y se encuentra en el Propio del Misal)
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7. - 2ª Lectura bíblica: El Evangelio
(Cambia cada día y se encuentra en el Propio del Misal)
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No atreviéndose a poner en sus labios la palabra de Dios sin antes purificarlos convenientemente, el Celebrante (y en las misas cantadas el Diácono), reza esta breve oración preparatoria, con la que también los fieles se han de disponer para leer el Evangelio:
Munda cor meum, ac labia mea, omnipotens Deus, qui labia Isaiae Prophetae calculo mundasti ignito, ita me tua grata miseratione dignare mudare, ut sanctum Evangelium tuum digne valeam nuntiare. Per Christum Dominum nostrum. Amen. Purifica mi corazón y mis labios, oh Dios todopoderoso, Tú que purificaste con una brasa los labios del Profeta Isaías, y dígnate por tu misericordia purificarme a mí de tal modo que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio. Por Jesucristo N. S. Así sea.
Jube, Domine, benedicere Dígnate, Señor, bendecirme.
Dominus sit in corde meo et in labiis meis ut digne et competenter annuntiem Evangelium suum. Amen. El señor esté en mi corazón y en mis labios, para que pueda anunciar digna y competentemente su Evangelio. Así sea.
De pie
Y el Sacerdote y el Diácono y los fieles se ponen de nuevo en comunicación, excitándose mutuamente la atención para la lectura del Evangelio diciendo:
Sacerdote: Dominus vobiscum. Sacerdote: El Señor sea con vosotros.
Monaguillo: Et cum spiritu tuo. Monaguillo: Y con tu espíritu.
Sacerdote: U Sequentia sancti Evangelii secundum N... Sacerdote: U Continuación del santo Evangelio según N...
Monaguillo: Gloria tibi, Domine. Monaguillo: Glorificado seas, oh Señor.
Sigue la lectura o canto del Evangelio del día. Todos lo escuchan de pie. al terminar de leerlo, el Sacerdote besa el Misal en señal de respeto. Terminado el Evangelio, se responde: Laus tibi Christi
8. - Credo
(Se dice todos los domingos, fiestas de precepto, fiestas de Nuestro Señor, de la Virgen, de los Apóstoles, de los Doctores, etc.)
Ahora rezan todos los asistentes, con el Celebrante, la siguiente solemne profesión de fe:
Credo in unum Deum Patrem omnipotentem, factorem coeli et terrae, visibilium omnium et invisibilium. Et in unum Dominum Jesum Christum, Filium Dei unigenitum. Et ex Patre natum, ante omnia saecula. Deum de Deo lumen de lumine, Deo verum de Deo vero. Genitum non factum, consubstantialem Patri; per quem omnia facta sunt. Qui propter nos homines et propter nostram salutem descendit de coelis. Creo en un solo Dios Padre todopoderoso. Creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un solo Señor, Jesucristo. Hijo unigénito de Dios. Y nacido del Padre, antes de todos los siglos. Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero. Engendrado, no formado; consubstancial al Padre, y por quien todo ha sido creado. El mismo que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó de los cielos.
Se arrodillan todos.
ET INCARNATUS EST DE SPIRITU SANCTO EX MARIA VIRGINE: ET HOMO FACTUS EST. Crucifixus etiam pro nobis sub Pontio Pilato passus, et sepultus est. et resurrexit tertia die, secundum Scripturas. Et ascendit in coelum; sedet ad dexteram Patris. Et iterum venturus est cum gloria judicare vivos et mortuos; cujus regni non erit finis. Et in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem: qui ex Patris Filioque procedit. Qui cum Patre et Filio simul adoratur, et conglorificatur; qui locutus est per Prophetas. Et unam sanctam, catholicam et apostolicam Ecclesiam. Confiteor unum baptisma in remissionem peccatorum. Et expecto resurrectionemmortuorum. Et vitam venturi U saeculi. Amen. Y SE ENCARNÓ POR OBRA DEL ESPÍRITU SANTO, EN LAS ENTRAÑAS DE LA VIRGEN MARÍA Y SE HIZO HOMBRE. Fue también crucificado por nosotros bajo el poder de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado. Y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. Y subió al cielo y está sentado a la diestra del Padre. Y otra vez vendrá con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos, y su reino no tendrá fin. Creo también en el Espíritu Santo, Señor y vivificador, el cual procede del Padre y del Hijo. Quien con el Padre y el Hijo, es al mismo tiempo adorado y glorificado, el cual habló por boca de los profetas. Creo en la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Y espero la resurrección de los muertos y la vida (hacen la señal de la cruz) U del siglo venidero. Así sea.
Sacerdote: Dominus vobiscum. Sacerdote: El Señor sea con vosotros.
Monaguillo: Et cum spiritu tuo. Monaguillo: Y con tu espíritu.
SEGUNDA PARTE DE LA MISA
(MISA DE LOS FIELES)
1ª DIVISIÓN - EL OFERTORIO
9. - El Ofertorio
(Cambia cada día y se encuentra en el Propio del Misal)
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10. - Ofrecimiento de la Hostia
El Sacerdote ofrece la Hostia grande (y también las pequeñas si las ubiere), Levantando la patena con la Hostia, dice:
Sacerdote: Suscipe, sancte Pater, omnipotens aeterne Deus, hanc immaculatam Hostiam, quam ego indignus famulus tuus offero tibi, Deo meo vivo, et vero, pro innumerabilibus peccatis, et offensonibus, et negligentilis meis, et pro omnibus circunstatibus, sed et pro omnibus, fidelibus christianis: ut mihi et illis proficiat ad salutem in vitam aeternam. Amen Sacerdote: Recibe, oh Padre Santo, omnipotente y eterno Dios, esta que va a ser Hostia inmaculada y que yo, indigno siervo tuyo, te ofrezco a Ti, mi Dios vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias, y por todos los circunstantes, así como también por todos los fieles cristianos vivos y difuntos; a fin de que a mí y a ellos nos aproveche para la salvación y vida eterna. Así sea.
El Sacerdote echa en el Cáliz un poco de vino con unas gotas de agua, símbolo el vino de la Divinidad y el agua de la Humanidad. Jesús, Hijo de Dios, Dios y Hombre, va a ofrecerse sobre el altar, y, con Él, se ofrecerán, unidos al Celebrante, todos los asistentes. Todos los fieles, junto con Jesucristo, formamos un cuerpo misterioso, un cuerpo místico: Jesucristo es la cabeza y nosotros los miembros.
Sacerdote: Deus, U qui humanae substantiae dignatem mirabiliter condisti, et mirabilius reformasti: da nobis per hujus aquae et vini mysterium, ejus Divinitatis esse consortes, qui humanitatis nostrae fieri dignatus est particeps, Jesus Christus, Filius tuus, Dominus noster. Qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus: per omnia saecula saeculorum. amen. Sacerdote: Oh Dios, U que maravillosamente formaste la naturaleza humana y mas maravillosamente la reformaste: haznos, por el misterio de esta agua y vino, participar de la divinidad de Aquel que se digno hacerse participante de nuestra humanidad, Jesucristo, tu Hijo Señor nuestro, que, Dios como es, contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Así sea.
11. - Ofrecimiento del Cáliz
Lo mismo que ha ofrecido antes la Hostia, el Celebrante ofrece ahora el Cáliz.
Sacerdote: Oferimus tibi, Domine, calicem salutaris, tuam deprecantes clamentiam: ut in conspectu divinae Majestatis tuae, pro nostra et totius mundi salute cum odore suavitatis ascendat. amen. Sacerdote: Te ofrecemos, Señor, el Cáliz de salvación, implorando de tu clemencia que llegue en olor de suavidad hasta el acatamiento de tu Divina Majestad, para nuestra salvación y la de todo el mundo. así sea.
12. - Ofrecimiento del Sacerdote y de los fieles
Sacerdote: In spiritu humilitatis et in animo contrito suscipiamur a te, Domine: et sic fiat sacrificium nostrum in conspectu tuo hodie , ut placeat tibi, Domine Deus. Sacerdote: Recíbenos, Señor, animados de un espíritu humilde y de un corazón arrepentido: y tal efecto produzca hoy nuestro sacrificio en tu presencia, que del todo te agrade, oh Señor y Dios nuestro!
Y bendiciendo las ofrendas, el Celebrante continúa:
Sacerdote: Veni santificator omnipotens aeterne Deus: et bene U dic hoc sacrificium tuo sacto nomini praeparatm. Sacerdote: Ven, oh Dios santificador, omnipotente y eterno, y ben U dice este sacrificio preparado para gloria de tu santo nombre! (1)
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SEGUNDA INCENSACIÓN
(Se omite en las misas rezadas)
Esta nueva incensación tiene por objeto honrar el Cáliz y la Hostia ofrecidos, el altar, el Celebrante, los Ministros sagrados, y todos los fieles asistentes, envolviéndolo todo en una misma oleada de fervorosa oración.
Antes de hacer uso del incienso, el Celebrante lo bendice diciendo:
Per intercessionem beati Michaelis Archangeli, statis a dextris altaris incensi, et omnium electorum suorum, incensum istud dignetur Dominus bene U dicere, et in odorem suavitatis accipere. Per Christum dominum nostrum. Amen Por la intercesión de San Miguel Arcángel, que asiste a la diestra del altar de los perfumes, y de todos sus elegidos, dignese el Señor ben U decir este incienso y recibirlo en olor de suavidad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.
Empieza por incensar las ofrendas, diciendo:
Incensum istud a te benedictum, ascendat ad te, Domine, et descendat super nos misericordia tua. Suba, oh Señor, hasta Ti este incienso que Tú has bendecido, y descienda sobre nosotros tu misericordia.
Ahora inciensa el Crucifijo y el altar, diciendo:
Salmo 140
Dirigatur, Domine, oratio mea sicut incensum in conspectu tuo: elevatio manuum mearum sacrificium vespertinum. Pone, Domine, custodiam ori meo, et ostium circumstatiae labiis meis; ur non declinet cor meum in verba malitiae, ad excusandas escusationes in peccatis. Suba mi oración, oh Señor, como sube este incienso; valga la elevación de mis manos como el sacrificio vespertino. Pon, oh Señor, guarda a mi boca y un candado a mis labios, para que mi corazón no se desahogue con expresiones maliciosas, buscando cómo excusar mis pecados.
Y al entregar el incienso al Diácono, le dice:
Ascendat in nobis Dominus ignem sui amoris, et flamman aeternae caritatis. Amen. Encienda el Señor en nosotros el fuego de su amor y la llama de su eterna caridad. Así sea.
Y el Diácono inciensa al Celebrante y a los Ministros, y si hay Coro, al clero, y el turiferario inciensa con tres golpes al pueblo en general.
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13. - Lavatorio de las manos
El Celebrante, aunque tiene las manos limpias, se las lava para expresar el deseo que tiene de la pureza interior, tan necesaria para tratar con Dios. Entre tanto reza el Salmo 25.
Salmo 25
Lavabo inter innocentes manus meas: et circumdabo altare tuum, Domine Lavaré mis manos entre los inocentes; y me pondré oh Señor, al servicio de tu altar. Para hacerme eco de los cánticos de alabanza, y proclamar todas tus maravillas.
Ut audiam vocem laudis: et enarrem universa mirabilia tua. Para hacerme eco de los canticos de alabanza, y proclamar todas tus maravillas. Yo he
Domine, dilexi decorem domus tuae: et locum habitationis gloriae tuae. Yo he amado, oh Señor, el decoro de tu casa, y la mansión de tu gloria.
No perdas cum impiis, Deus animam meam: et cum viris sanguinum vitam meam. No pierdas, Dios mio, mi alma con los impios, ni mi vida con los hombres sanguinarios.
In quorum manibus iniquitqtes sunt: dextera eorum repleta est muneribus. Cuyas manos estan manchadas de maldad, y su diestra cargada de sobornos.
Ego autem in innocentia mea ingressus sum: redime me, et miserere mei. Yo, en cambio, he procedido con inocencia; librame Tu y ten piedad de mi.
Pes meus stetit in directo: in ecclesiis benedicam te, Domine. Mi pie ha andado por el camino recto: por lo que podre alabarte, oh Senor en las asambleas de los fieles.
Gloria Patri ... Gloria al Padre ...
Sicut erat ... Como era ...
14. - Recomendación de la Hostia y del Cáliz
Volviendo al medio del altar e inclinado, el sacerdote recomienda a la Sma. trinidad el Sacrificio que está celebrando para gloria de Dios, honra de los Santos y provecho de los hombres, diciendo:
Suscipe sancta Trinitas, hanc oblationem, quam tibi offerimus ob memoriam passionis, resurrectionis, et ascensionis Jesu Christi Domini nostri: et in honorem beatae Mariae semper virginis, et beati Joannis Baptistae, et sanctorum Apostolorum Petri et Pauli, et istorum, et omnium Sanctorum: ut illis proficiat ad honorem, nobis autem ad salutem, et illi pro nobis intercedere dignentur in coelis, quorum memoriam agimus in terris. Per eumdem Christum Dominum nostrum. Amen Recibe, oh Trinidad Santa, esta oblación que te ofrecemos en memoria de la Pasión, Resurrección y Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo y en honor de la bienaventurada siempre Virgen Maria, del bienaventurado San Juan Bautista y de los Santos A[postóles San Pedro y San Pablo, y de éstos y de todos los Santos; para que a ellos les sirva de honor y a nosotros nos aproveche para la salvación, y se dignen interceder por nosotros en el cielo aquellos de quienes hacemos memoria en la tierra. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. así sea..
15. - Intercambio de oraciones
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El sacerdote besa el altar, se vuelve hacia el pueblo y, abriendo y cerrando los brazos como para abrazar a todos en nombre de Cristo, cuyas veces está haciendo, se encomienda a sus oraciones diciendo:
Orate fratres: ut meum ac vestrum sacrificium acceptabile fiat apud Deum Patrem omnipotens. Orad, hermanos, a fin de que mi sacrificio y el vuestro, sea aceptado en el acatamiento de Dios, Padre omnipotente
Y el pueblo le responde, orando por él, en estos términos:
Todos:
Suscipiat Dominus sacrificium de manibus tuis ad laudem et gloriam nominis sui, ad utilitatem quoque nostram, totiusque Ecclesiae tuae sanctae. El Señor reciba de tus manos este Sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, y para nuestro provecho y el de toda su Santa Iglesia. Amen.
16. - Oración-Secreta
(Cambia cada día y se encuentra en el Propio del Misal)
La Oración-Secreta puede ser una, dos, tres, o más, según haya sido el número de las "Colectas"
2ª DIVISIÓN. - LA CONSAGRACIÓN
17. - Prefacio
(El prefacio cambia en algunas festividades)
A modo de introducción, entre Celebrante y monaguillo (o el coro en las Misas cantadas), se entabla el siguiente diálogo:
Sacerdote: Per omnia saecula saeculorum Sacerdote: Por todos los siglos de los siglos
Monaguillo: Amen. Monaguillo: Así sea.
Sacerdote: Dominus vobiscum. Sacerdote: El Señor sea con vosotros.
Sacerdote: Sursum corda. Sacerdote: ¡Arriba los corazones!
Monaguillo: Abemus ad Dominum. Monaguillo: Ya los tenemos unidos al Señor
Sacerdote: Gratias agamus Domino Deo nostro. Sacerdote: Demos gracias al Señor Dios nuestro.
Monaguillo: Dignum et justum est. Monaguillo: Digno y justo es.
Prefacio de los domingos ordinarios
Vere dignum et justum ets aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui cumm unigenito Filio tuo, et Spiritu Sancto, unus es Deus, unus es Dominus: non in unius singularitate personae, sed in unius Trinitate substantiae. Quod enim de tua gloria, revelante te, credimus, hoc de Filio tuo, hoc de Spiritu Sancto, sine differentia discretionis sentimus. Ut in confessione verae, sempiternaeque Deitatis, et in personis Proprietas, et in essentia unitas, et in majestate adoretur aequalitas. Quam laudat Angeli atque Arcangeli, Cherubim quoque ac Sraphim: qui non cessant clamare quotidie, una voce dicentes: Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Quien, con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, eres un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto creemos, por habérnoslo Tu revelado, acerca de tu gloria, creémoslo igualmente de tu Hijo, y del Espíritu Santo, sin haber diferencia ni separación. De modo que, al reconocer una sola verdadera y eterna Divinidad, sea también adorada la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar diariamente, diciendo a coro:
Y dicen todos de rodillas
Sanctus, Sanctus, Sanctus Dominus Deus Sabaoth. Pleni sunt caeli, et terra gloria tua. Hosanna in excelsis. Benedictus qui venit in nomine Domini. Hosanna in excelsis. Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los Ejércitos. Llenos están los cielos y la Tierra de tu gloria. Hosanna en las alturas: Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en las alturas.
CANON DE LA MISA
18. - Plegaria por la Iglesia
El Celebrante, levantando los brazos y los ojos hacia el Crucifijo, como para acercárselo más a Cristo y mejor identificar el Calvario con el Altar, reza profundamente inclinado y en silencio:
Te igitur, clementissime Pater, per Jesum Christum Filium tuum Dominum nostrum, supplices rogamus ac petimus, uti accepta habeas, et benedicas, haec U dona, haec U munera, haec U sancta sacrificia illibata, in primis, quae tibi offerimus pro Ecclesia tua sancta catholica: quam pacificare, custodire, adunare, et regere digneris toto orbe terrarum: unacum famulo tuo Papa nostro N. et Antistite nostro N. et omnibus orthodoxis, atque cattholicae et Apostolicae fidei cultoribus. Te pedimos, pues, y humildemente te rogamos, oh Padre clementísimo, por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que recibas y bendigas estos U dones, estas U ofrendas y estos U santos y puros sacrificios; que te ofrecemos, en primer lugar, por tu Santa Iglesia católica, para que te dignes darle la paz, guardarla, unificarla, y gobernarla en toda la redondez de la tierra, juntamente con tu ciervo el Papa N., nuestro Prelado N., y todos los que profesan la verdadera fe católica y apostólica. (1)
19. - "Memento" de los vivos
El Celebrante extiende y junta las manos mirando al Crucifijo, reza las primeras palabras de la siguiente oración (hasta N., N.), y, después de una breve pausa, para encomendar a algunas personas en particular y nominalmente, prosigue lo demás:
P: Memento Domine famulorum, famularumque tuarum N. et N. et omnium circumstantium, quorum tibi fides cognita est, et nota devotio, pro quibus tibi offerimus: vel qui tibi offerunt hoc sacrificium laudis pro se, suisque omnibus: pro redemptione animarum suarum, pro spe salutis et incolumitatis suae : tibique reddunt vota sua aeterno Deo vivo et vero. Acuérdate, Señor, de tus siervos y siervas N. y N...., y de todos los circunstantes, cuya fe y devoción te son conocidas (2); por los que te ofrecemos, o que ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, por sí y por todos los suyos, por el rescate de sus almas, y por su salud y bienestar corporal; y que también te tributan sus homenajes a Ti, Dios eterno, vivo y verdadero.
20. - Conmemoración de los Santos
Para que la oración de la Iglesia militante sea mejor atendida por Dios Padre, invoca ahora el Celebrante la intercesión de la Sma. Virgen y de los Santos de la Iglesia triunfante, en cuyo honor se ofrece también este Sacrificio:
Communicantes, et memoriam venerantes, in primis gloriosae semper virginis Mariae genitricis Dei et Domini nostri Jesu Christi: sed et beati Joseph, ejusdem virginis sponsi et beatorum Apostolorum ac martyrum tuorum, Petri et Pauli, Andreae, Jacobi, Joannis, Thomae, Jacobi, Philippi, Bartholomaei, Matthaei, Simonis et Thaddaei: Lini, Cleti, Clementis, Xysti, Cornelii, Cypriani, Laurentii, Chrysogoni, Joannis et Pauli, Cosmae et Damiani, et omnium sanctorum tuorum: quorum meritis precibusque concedas, ut in omnibus protectionis tuae muniamur auxilio. Per eumdem Christum Dominum nostrum. Amen. Unidos por la comunión de los Santos*** y honrando , primeramente, la memoria de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, Señor y Dios nuestro, y la de tus bienaventurados Apóstoles y Mártires: Pedro y Pablo, Andrés, Santiago, Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo, Lino, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisogono, Juan y Pablo, Cosme y Damián, y de todos tus Santos; te pedimos, por sus meritos e intercesión, nos concedas ser fortalecidos en todo con el auxilio de tu protección. Por el mismo Jesucristo N. S. Así sea
21. - Jesucristo, nuestra Víctima
Cumplido el deber de caridad de encomendar a Dios a la Iglesia militante y triunfante, el Celebrante concentra toda la atención sobre el Cáliz y la Hostia, y extiende sobre ellos ambas manos como para descargar sobre Jesucristo todos nuestros pecados y responsabilidades y constituirlo nuestra Víctima.
Hanc igitur oblationem servitutis nostrae, sed et cunctae familiae tuae, quaesumus, Domine, ut placatus accipias : diesque nostros in tua pace disponas, atque ab aeterna damnatione nos eripi, et in electorum tuorum jubeas grege numerari. Per Christum Dominum nostrum. Amen. Por lo mismo, Señor, te rogamos te dignes admitir favorablemente esta ofrenda en testimonio de nuestra dependencia y de toda tu familia: y hacer que pasemos, en paz contigo, los días de nuestra vida, que nos veamos libres de la condenación eterna y seamos por Ti incluidos en el número de tus escogidos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.
El Celebrante hace algunas señales de la cruz sobre el pan y el vino. El monaguillo toca la campanilla y, en las Misas rezadas, sube a la grada para levantar la casulla desl sacerdote, facilitándole así sus movimientos.
Quam oblationem tu, Deus, in omnibus, quaesumus benedictam U adscriptam U , ratam U rationabilem, acceptabilemque facere digneris: ut nobis Corpus U et Sanguis U fiat dilectissimi Filii tui Domini nostri Jesu Christi. La cual ofrenda, suplicamoste, oh Dios, te dignes ordenar sea ben U dita, adscri U ta, ratifi U cada, racional y agradable: de suerte que se convierta, para nuestro provecho, en el Cuer U po y San U gre de tu muy amado Hijo Jesucristo, Nuestro Señor.
2ª DIVISIÓN. - LA CONSAGRACIÓN
22- - Consagración y elevación de la Hostia
Ha llegado el momento más solemne de la misa. Por orden del Señor se va a renovar la última Cena. "El Sacrificio que se ofrece sobre el altar, dice el Concilio de Trento, es el mismo que fue ofrecido sobre el Calvario: es el mismo Sacerdote, la misma Víctima". Aunque nuestro Señor se halla todo entero bajo cada una de las Especies consagradas, puesto que ya no puede morir, el pan es cambiado en el Cuerpo de Jesucristo y el vino en su Sangre. De un modo incruento, aunque maravilloso, hállase sobre el altar representado el monte Calvario, en el cual la Sangre de Jesús quedó separada de su sagrado Cuerpo
El Sacerdote toma primero la Hostia con ambas manos, diciendo y haciendo lo que el siguiente texto evangélico indica, y, después de consagrarla, la eleva, para adorarla él y ofrecerla a la adoración de todos los asistentes:
QUI PRIDIE QUAM PATERETUR, ACCEPIT PANEM IN SANCTAS AC VENERABILES MANUS SUAS: ET ELEVATIS OCULIS IN COELUM AD TE DEUM PATREM SUUM OMNIPOTENTEM, TIBI GRATIAS AGENS, BENEDIXIT †, FREGIT, DEDITQUE DISCIPULIS SUIS, DICENS: "ACCIPITE ET MANDUCATE EX HOC OMNES : EL CUAL, LA VÍSPERA DE SU PASIÓN, TOMÓ UN PAN EN SUS SANTAS Y VENERABLES MANOS, Y LEVANTANDO LOS OJOS AL CIELO EN DIRECCIÓN A TI, OH DIOS, SU PADRE OMNIPOTENTE, DÁNDOTE LAS GRACIAS, LO BEN U DIJO, LO PARTIÓ U SE LO DIO A SUS DISCÍPULOS, DICIENDO: TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL
El ayudante toca la campanilla al hacer el Sacerdote la genuflexión, al elevar la Hostia y al arrodillarse de nuevo. La elevación de las sagradas Especies después de la Consagración fue y será una protesta contra los herejes que negaban y niegan la presencia real. La S. Congregación de la Penitencia concedió una indulgencia de 7 años a los que mirando a la Hostia, dijeren con Santo Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!".
23. - Consagración y elevación del Cáliz
El Celebrante toma ahora con ambas manos el Cáliz, diciendo y haciendo lo que el siguiente texto evangélico indica, y después de consagrarlo, lo eleva, para adorarlo él y ofrecerlo a la adoración de los asistentes:
SIMILI MODO POSTQUAM COENATUM EST, ACCIPIENS ET HUNC PRAECLARUM CALICEM IN SANCTAS AC VENERABILES MANUS SUAS: ITEM TIBI GRATIAS AGENS, BENEDIXIT U DEDITQUE DISCIPULIS SUIS, DICENS : "ACCIPITE ET BIBITE EX EO OMNES: DE IGUAL MODO, AL TERMINAR LA CENA TOMÓ TAMBIÉN ESTE PRECIOSO CÁLIZ EN SUS SANTAS Y VENERABLES MANOS, Y DÁNDOTE DE NUEVO GRACIAS, LO BENDI U JO, Y SE LO DIO A SUS DISCÍPULOS, DICIENDO: TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL.
(1)
HAEC QUOTIESCUMQUE FECERITIS IN MEI MEMORIAM FACIETIS CUANTAS VECES HICIEREIS ESTO, HACEDLO EN MEMORIA DE MI
Ya está obrado el milagro de la transubstanciación. Lo que hay ahora sobre el altar ya no es pan ni vino, sino el verdadero Cuerpo y Sangre del Señor. Jesucristo está aquí vivo y glorioso, como en el cielo. Eso enseña la fe y eso debemos creer, aunque a nuestros sentidos les parezca otra cosa. Lo creemos, porque Dios nos lo asegura y Dios no puede engañarnos.
24. - Conmemoración de la Pasión, Resurrección
y Ascensión del Señor
La Víctima está inmolada sacramentalmente; el sacerdote va a ofrecerla al Padre, recordando el encargo de Jesús y los principales misterios de la vida del Salvador. Continúa con los brazos extendidos:
Unde et memores Domine, nos servi tui, sed et plebs tua sancta, ejusdem Christi Filii tui Domini nostri tam beatae passionis, nec non et ab inferis resurrectionis, sed et in coelos gloriosae ascensionis: offerimus praeclarae majestati tuae de tuis donis ac datis, hostiam U puram, hostiam U sanctam, hostiam U immaculatam, Panem U sanctum vitae aeternae, et Calicem U salutis perpetuae. Por lo cual, oh Señor, acordándonos nosotros tus siervos y tu pueblo santo, así de la dichosa Pasión de tu mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo, como de su resurrección del sepulcro, y de su gloriosa Ascensión a los cielos: ofrecemos a tu Majestad, de entre tus dones y dádivas, una Hostia U pura, una Hostia U santa, una Hostia U inmaculada, el Pan U santo de la vida eterna y el Cáliz U de perpetua salvación (2).
Si Dios aceptó los sacrificios del Antiguo Testamento, figuras tan sólo del Sacrificio del Calvario, con mayor motivo aceptará el del altar.
25. - Recomendación del Sacrificio
Y sigue orando, con los brazos extendidos, para encomendar a Dios Padre el Sacrificio eucarístico que está celebrando.
Supra quae propitio ac sereno vultu respicere digneris: et accepta habere, sicuti accepta habere dignatus es munera pueri tui justi Abel, et sacrificium patriarchae nostri Abrahae: et quod tibi obtulit summus sacerdos tuus Melchisedech, sanctum sacrificium, immaculatam hostiam. Sobre las cuales ofrendas dígnate mirar con ojos favorables y semblante apacible, y aceptarlas como tuviste a bien aceptar los dones de tu siervo el inocente Abel, y es Sacrificio de nuestro Patriarca Abrahán, asi como también el que te ofreció tu Sumo Sacerdote Melquisedec: sacrificio aquel santo, hostia inmaculada (3).
El sacerdote se inclina profundamente, y recuerda que la Hostia inmolada en el altar de nuestras Iglesias es aquel Cordero "inmolado" que está en el cielo sobre el altar de oro "delante del trono de Dios" (Apoc. 3.) Comulgar de tal Hostia es sentarse en la mesa del Padre celestial, con quien Jesucristo nos ha reconciliado mediante el sacrificio de la cruz y del altar.
Supplices te rogamus, omnipotens Deus; jube haec perferri per manus sancti Angeli tui in sublime altare tuum, in conspectu divinae majestatis tuae: ut quotquot ex hac altaris participatione, sacrosanctum Filii tui Corpus † et Sanquinem † sumpserimus omni benedictione coelesti et gratia repleamur. Per eumdem Christum Dominum nostrum. Amen. Humildemente te suplicamos, oh Dios todopoderoso, que mandes transportar estas ofrendas por manos de tu santo Ángel a tu altar celestial (4) y hasta el acatamiento de tu divina Majestad: a fin de que todos cuantos, comulgando en este altar, recibiéremos el santo Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, seamos colmados de todas las bendiciones y gracias celestiales. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.
26. - "Memento" de los difuntos
El Celebrante ruega ahora por los difuntos. "Las almas del purgatorio son aliviadas durante el Sacrificio ofrecido a su intención", dice S. Jerónimo. El Sacerdote extiende y junta las manos mirando el Crucifijo, reza las primeras palabras de la siguiente oración (hasta N. N:), y, después de una breve pausa para encomendar a Dios algunos difuntos en particular y nominalmente, prosigue lo demás con los ojos fijos en la Hostia.
Memento etiam, Domine, famulorum famularumque tuarum N. et N. qui nos praecesserunt cum signo fidei, et dormiunt in somno pacis. P: Ipsis Domine, et omnibus in Christo quiescentibus, locum refrigerii, lucis et pacis, ut indulgeas, deprecamur, per eumdem Christum Dominum nostrum. Amen Acuérdate también, Señor, de tus siervos y siervas N... N... (5), que nos han precedido con la señal de la fe y duermen el sueno de la paz. A ellos. oh Señor, y a todos los que descansan en Cristo, rogamoste los coloques en el lugar del refrigerio, de la luz y de la paz. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.
27. - Oración por nosotros, los pecadores
Un golpe de pecho, y una declaración rotunda y sincera de nuestra condición de pecadores es lo que mejor cuadra ahora, en presencia de la sagrada Víctima, al pedir por caridad un lugar en el cielo en compañía de todos los Santos. Se une así, al recuerdo de la Iglesia purgante el de la militante y triunfante.
Nobis quoque peccatoribus famulis tuis, de multitudine miserationum tuarum sperantibus, partem aliquam et societatem donare digneris, cum tuis sanctis Apostolis et Martyribus: cum Joanne, Stephano, Matthia, Barnaba, Ignatio, Alexandro, Marcellino, Petro, Felicitate, Perpetua, Agatha, Lucia, Agnete, Caecilia, Anastasia, et omnibus sanctis tuis : intra quorum nos consortium, non aestimator meriti, sed veniae, quaesumus, largitor admitte.
Per Christum Dominum nostrum.
Amen .
También a nosotros, tus siervos pecadores, que confiamos en la abundancia de tu misericordia, dígnate darnos participación y entrada con tus Santos Apóstoles y Mártires: con Juan, Esteban, Matías, Bernabé, Ignacio, Alejandro, Marcelino, Pedro, Felicidad, Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia, y todos tus Santos: en cuya compañía te rogamos nos admitas, no en atención a nuestros meritos, sino por tu gran misericordia. Por Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.
Y trazando tres veces la señal de la cruz sobre la Hostia y el Cáliz, el Sacerdote prosigue diciendo:
Per quem haec omnia, Domine, semper bona creas, sanctificas U vivificas U benedicis U et praestas nobis Por quien siempre produces, oh Señor, todos estos bienes, los santi U ficas, los vivif U icas, los ben U dices y nos los otorgas.
28. - Fin del "Canon" y pequeña elevación
Y trazando cinco nuevas cruces (esta vez con la Hostia consagrada) y la siguiente fórmula de alabanza o dosología, termina la serie de preces que componen el "Canon":
PER IPSUM † , ET CUM IPSO † , ET IN IPSO † , EST TIBI DEO PATRI † OMNIPOTENTI, IN UNITATE SPRITUS † SANCTI, OMNIS HONOR ET GLORIA.
Sacerdote: Per omnia saecula saeculorum.
Monaguillo: Amen. POR ÉL U Y CON ÉL U Y EN ÉL U A TI, DIOS PADRE U OMNIPOTENTE, EN UNIÓN CON EL ESPÍRITU U SANTO, SE DIRIGE TODO HONOR Y GLORIA(6).
Sacerdote: Por todos los siglos de los siglos.
Monaguillo: Así sea
Retengamos esta gran verdad "Por Cristo, con Cristo y en Cristo, damos a Dios (en la santa Misa) todo honor y toda gloria". De ahí que la Misa sea el homenaje más grande y más valoso de cuantos podamos tributar en este mundo a la Divinidad.
3ª DIVISIÓN. - LA COMUNIÓN
29. - 1ª Oración preparatoria para la Comunión:
La Oración Dominical
El Celebrante empieza ahora la preparación inmediata a la Comunión con la Oración del "Padrenuestro", que compuso y enseñó a los Apóstoles Jesucristo mismo. El Celebrante no se atreve a rezarla sin pedirle a Dios, con una frase previa, su beneplácito:
Sacerdote: Oremus. Praeceptis salutaribus moniti, et divina institutione formati, audemus dicere :
Sacerdote: Oremos. - Teniendo en cuenta la orden del Señor y aleccionados por el divino Maestro, nos atrevemos a exclamar:
Pater noster, qui es in coelis ; sanctificetur nomen tuum ; adveniat regnum tuum: fiat voluntas tua sicut in coelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie ; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem. Padre nuestro, que estás en los cielos. Santificado sea el tu nombre. Venga a nos el tu reino. Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación.
Monaguillo: Sed libera nos a malo.
Sacerdote: Amen. Monaguillo: Mas líbranos del mal
Sacerdote: Así sea.
E insistiendo en la última petición del Padrenuestro: "Mas líbranos del mal", digámosle a Dios de qué males queremos que nos libre por la intercesión de la Virgen y de todos los santos; Libera nos, quaesumus Domine, ab omnibus malis praeteritis, praesentibus, et futuris: et intercedente beata et gloriosa semper Virgine Dei Genitrice Maria, cum beatis Apostolis tuis Petro at Paulo, atque Andrea, et omnibus sanctis, da propitius pacem in diebus nostris: ut ope misericordiae tuae adjuti, et a peccato simus semper liberi, et ab omni perturbatione securi. Per eumdem Dominum nostrum Jesum Christum Filium tuum. Qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus. Per omnia saecula saeculorum. Líbranos, si, Señor, de todos los males pasados, presentes y futuros; y por la intercesión de la gloriosa siempre Virgen Maria, Madre de Dios, y de tus bienaventurados Apóstoles San Pedro, San Pablo y San Andrés, y todos los demás Santos danos bondadosamente la paz en nuestros días; a fin de que, asistidos con el auxilio de Tu misericordia, estemos siempre libres de pecado y al abrigo de cualquier perturbación. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro e Hijo tuyo, que, Dios como es, contigo vive y reina en unidad del Espiritu Santo. Por los siglos de los
Monaguillo: Amen Monaguillo: Así sea.
30. - Fracción de la Hostia
El Celebrante divide ahora la Hostia grande en tres partes, la menor de las cuales arroja en el Cáliz después de hacer sobre él, con ella, tres cruces diciendo:
Sacerdote: Pax U Domini sit U semper vobiscum U .
Monaguillo: Et cum spiritu tuo.
Sacerdote: La paz U del Señor U sea siempre con U vosotros.
Monaguillo: Y con tu espíritu
El Sacerdote deja caer en el Cáliz la partícula de la Hostia.
Sacerdote: Haec commixtio et consecratio Corporis et Sanguinis Domini nostri Jesu Christi fiat accipientibus nobis in vitam aeternam. Amen. Sacerdote: Que esta mezcla de los elementos consagrados del Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, nos aproveche a quienes la recibimos, para la vida eterna. Así sea
31. - 2ª Oración preparatoria para la Comunión:
Los "Agnus Dei"
Para que nuestra alma se purifique más y más y se sature de compunción, invoquemos la misericordia del mismo "Cordero de Dios" que vamos a recibir, y expresemos nuestra contrición dándonos tres golpes de pecho y diciendo lo que dijo S. Juan Bautista señalando a los judíos al Mesías que los debía salvar:
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, dona nobis pacem
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo ¡ten misericordia de nosotros!
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo ¡ten misericordia de nosotros!
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo ¡danos la paz!
32. - Oración por la paz *
Inclinado el Sacerdote sobre la sagrada Hostia, como quien habla boca a boca con un amigo, reza la siguiente oración por la paz, que nosotros hemos de rezar también con la confianza que debe inspirarnos el ver a Dios en el Altar en estado de Víctima y al alcance, puede decirse, de nuestra mano:
Domine Jesu Christe, qui dixisti Apostolis tuis: pacem relinquo vobis, pacem meam do vobis: ne respicias peccata mea, sed fidem Ecclesiae tuae; eamque secundum voluntatem tuam pacificare et coadunare digneris. Qui vivis et regnas Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen. . Señor Jesucristo, que dijiste a tus Apóstoles: Mi paz os dejo, mi paz os doy; no te fijes en mis pecados, sino en la fe de tu Iglesia, a la cual dígnate pacificarla y unirla conforme a tu voluntad. Tú que vives y reinas por todos los siglos de los siglos. Así sea. .
En las misas solemnes (excepto en las de Difuntos y en las del Jueves Santo) el Celebrante y los diáconos se dan en este momento el ósculo de paz.
33. - Últimas oraciones preparatorias
para la Comunión
Y siguen estas dos últimas oraciones, rebosante la primera de confianza, y llena la segunda de humildad.
Domine Jesu Christe, Fili Dei vivi, qui ex voluntate Patris cooperante Spritu Sancto, per mortem tuam mundum vivificasti: libera me per hoc sacrosanctum Corpus et Sanguinem tuum ab omnibus iniquitatibus meis et universis malis: et fac me tuis semper inhaerere mandatis: et a te nunquam separari permittas : qui cum eodem Deo Patre et Spiritu Sancto vivis et regnas Deus in saecula saeculorum. Amen.
Perceptio Corporis tui, Domine Jesu Christe, quod ego indignus sumere praesumo, non mihi proveniat in judicium et condemnationem : sed pro tua pietate prosit mihi ad tutamentum mentis et corporis, et ad medelam percipiendam. Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.
Oh Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo,que, por voluntad del Padre y con la cooperación del Esíritu Santo, diste la vida al mundo por tu muerte: líbrame, por tu sagrado Cuerpo y Sangre de todas mis iniquidades y de todos los demás males, y haz que cumpla siempre tus mandamientos y no permitas que jamás me aparte de Ti, quien sienfo Dios, vives y reinas con el mismo Dios Padre y con el Espíritu Santo, Por los siglos de los siglos. así sea.
La comunión de tu Cuerpo, Señor Jesucristo, que yo indigno me atrevo a recibir ahora, no se me convierta en motivo de juicio y condenación; sino que, por tu misericordia, me sirva de protección para alma y para cuerpo y de medicina saludable. Tú, que siendo Dios, vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Así sea.
34. - Comunión del Celebrante
El Sacerdote junta las dos partes de la Hostia, preparándose para consumirla, y dice:
Panem coelestem accipiam et nomen Domini invocabo.
Recibiré el Pan celestial, e invocare el Nombre del Señor.
Con la Hostia en la mano izquierda y sobre la patena, y dándose golpes de pecho, el Sacerdote dice tres veces, confesando su indignidad:
Domine, non sum dignus ut intres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanabitur anima mea (tres veces) Señor, yo no soy digno de que entres en mi pobre morada, mas di una sola palabra y mi alma será salva. (tres veces)
Y comulga bajo la especie de PAN, diciendo:
Corpus Domini nostri Jesu Christi custodiat animam meam in vitam aeternam. Amen. El Cuerpo de Nuestro Señor U Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna. Así sea.
Y mientras recoge sobre el corporal las partículas que han podido desprenderse de la Hostia grande, se prepara a consumir el Cáliz, diciendo:
Quid retribuam Domino pro omnibus quae retribuit mihi? Calicem salutaris accipiam, et nomen Domini invocabo Dominum, et ab inimicis meis salvus ero. ¿Con que corresponderé yo al Señor por todo cuanto El me ha dado? Sumiré el Cáliz de salvación e invocaré al Señor con cánticos de alabanza, y me pondré a salvo de mis enemigos
Y comulga bajo la especie de VINO, diciendo:
Sanguis Domini nostri Jesu Christi custodiat animam meam in vitam aeternam. Amen. La Sangre de Nuestro Señor U Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna.
35. - Comunión de los fieles
Mientras el Celebrante comulga con el Cáliz, el Monaguillo y los fieles rezan el acto de contricción, preparándose para la comunión:
Confiteor Deo omnipotenti, beatae Mariae semper Virgini, beato Michaeli Archangelo, beato Joanni Baptistae, Sanctis Apostolis Petro et Paulo, omnibus Sanctis, et tibi Pater; quia peccavi nimis cogitatione, verbo et opere, (dándose tres golpes de pecho) mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa; Ideo precor beatam Mariam semper Virginem, beatum Michaelem Archagelum, beatum Joannem baptistam, sanctis Apostolos, Petrum et Paulum, omnes Sanctos, et te Pater, orare pro me ad Dominum Deum nostrum. Yo, pecador, me confieso a Dios todopoderoso, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos y a vos, Padre; que pequé gravemente con el pensamiento, palabra, y obra, (dándose tres golpes de pecho) por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos, y a vos, Padre, que roguéis por mí a Dios nuestro Señor.
Y el Celebrante, vuelto hacia el pueblo, absuelve a los comulgantes diciendo:
Sacerdote: Dios Todopoderoso tenga misericordia de vosotros, y perdonados vuestros pecados, os lleve a la vida eterna.
Monaguillo: Amen.
Sacerdote: Indulgentiam, U absolutionem et remissionem peccatorum vestrorum, tribuat vobis omnipotens et misericors Dominus.
Sacerdote: Dios Todopoderoso tenga misericordia de vosotros, y perdonados vuestros pecados, os lleve a la vida eterna
Monaguillo: Así sea.
Sacerdote: El Señor todopoderoso y misericordioso os conceda la absolución U y el perdón de vuestros pecados.
Monaguillo: Así sea.
Y mostrando la sagrada Hostia, para que al mirarla hagan un acto de fe en la real presencia de Jesús Sacramentado, a quien van a recibir como manjar, dice:
Sacerdote: Ecce Agnus Dei, ecce qui tolli peccata mundi Sacerdote: Ved aquí el Cordero de Dios, ved aquí al que quita los pecados del mundo.
Y repite tres veces y los fieles con él, dándose golpes de pecho:
Domine, non sum dignus ut intres sub tectum meum; sed tantum dic verbo et sanabitur anima mea. (tres veces) Señor, yo no soy digno de que entres en mi pobre morada, mas di una sola palabra y mi alma será salva. (tres veces)
Y se acercan a comulgar ordenadamente, con suma modestia y devoción, y los que no comulgan de hecho se unen a los comulgantes con el deseo. Al administrar la comunión, el Sacerdote dice cada vez:
Corpus Domini nostri Jesu UChristi custodiat animam tuam in vitam aeternam. Amen. El Cuerpo de Nuestro Señor U Jesucristo guarde tu alma para la vida eterna. Así sea
36. - Acción de gracias
Terminada la Comunión del Celebrante y de los fieles, sigue la acción de gracias, que el Sacerdote empieza al mismo tiempo que purifica el Cáliz, en esta forma:
Quod ore sumpsimus Domine, pura mente capiamus: et de munere temporali fiat nobis remedium sempiternum.
Corpus tuum, Domine, quod sumpsi, et Sanguis, quem potavi, adhaereat visceribus meis: et praesta, ut in me non remaneat scelerum macula, quem pura et sancta refecerunt sacramenta. Qui vivis et regnas in saecula saeculorum. Amen. Lo que hemos recibido, oh Señor, con la boca, acojamoslo con alma pura; y este don temporal se convierta para nosotros en remedio sempiterno.
Tu Cuerpo Señor, que he comido, y tu sangre que he bebido, se adhieran a mis entranas; y haz que ni mancha de pecado quede ya en mi, después de haber sido alimentado con un tan santo y tan puro Sacramento: Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Así sea.
37. - Comunión y Postcomunión
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(Cambian cada día y se encuentran en el Propio del Misal)
La "Comunión" es una antífonilla, resto del salmo que antiguamente cantaba la Schola al acercarse el pueblo a recibir la Comunión. La "Oración Postcomunión", corresponde, en número a la "Colecta" y a la "Secreta".El Sacerdote, dirigiéndose al Misal, reza la antífona llamada "Comunión". Antes de rezar la "Oración Postcomunión", se vuelve al pueblo y dice:
Sacerdote: Dominus vobiscum. Sacerdote: El Señor sea con vosotros.
Monaguillo: Et cum spiritu tuo. Monaguillo: Y con tu espíritu.
Y después de la Postcomunión, repite el mismo saludo:
Sacerdote: Dominus vobiscum. Sacerdote: El Señor sea con vosotros.
Monaguillo: Et cum spiritu tuo. Monaguillo: Y con tu espíritu.
38. - Despedida
Y nos despide diciendo:
Sacerdote: Ite missa est. Sacerdote: Idos la Misa ha concluido.
Monaguillo: Deo gratias. Monaguillo: Gracias sean dadas a Dios.
En lugar del "ite missa est", en las misas en que no se ha habido "Gloria in excelsis" se dice:
Sacerdote: Benedicamus Domino. Sacerdote: Bendigamos al Señor.
Monaguillo: Deo gratias. Monaguillo: Gracias sean dadas a Dios.
Y en las misas de Difuntos se dice:
Sacerdote: Requiescant in pace. Sacerdote: Descansen en paz.
Monaguillo: Amen. Monaguillo: Amen.
39. - Bendición final
El Celebrante profundamente inclinado sobre el altar, recomienda a la Santísima Trinidad el Sacrificio que acaba de celebrar, diciendo:
Placeat tibi sancta Trinitas, obsequium servitutis meae; et praesta, ut sacrificium, quod oculis tuae majestatis indignus obtuli, tibi sit acceptabile, mihique et omnibus, pro quibus illud obtuli, sit, te miserante, propitiabile. Per Christum Dominum nostrum. Amen. Séate agradable, Trinidad Santa, el homenaje de mi ministerio, y ten a bien aceptar el Sacrificio que yo, indigno, acabo de ofrecer en presencia de tu Majestad, y haz, que, a mi y a todos aquellos por quienes lo he ofrecido, nos granjee el perdón, por efecto de tu misericordia. Por J. N. S. Así sea.
Y levantando la mano derecha y haciendo con ella una cruz en el aire, bendice a los fieles (que deben estar de rodillas), diciendo:
Sacerdote: Benedicat vos omnipotens Deus, Pater, et Filius Uet Spiritus Sanctus.
Monaguillo: Amen
Sacerdote: Bendígaos Dios todopoderoso, Padre U e Hijo y Espíritu Santo.
Monaguillo: Así sea.
40. - Último Evangelio
Sacerdote: Dominus vobiscum.
Monaguillo: : Et cum spiritu tuo.
Sacerdote: Initium sancti Evangelii secundum Joannem.
Monaguillo: Gloria tibi Domine.
Sacerdote: In prinicipio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum. Hoc erat in principio ap ud Deum. Omnia per ipsum facta sunt, et sine ipso factum est nihil quod factum est. In ipso vita erat, et vita erat lux hominum: et lux in tenebris lucet, et tenebrae eam non comprehenderunt. Fuit homo missus a Deo, cui nomen erat Joannes. Hic venit in testimonium, ut testimonium perhiberet de lumine, ut omnes crederent per illum. Non erat ille lux, sed ut testimonium perhiberet de lumine. Erat lux vera quae illuminat omnem hominem venientem in hunc mundum. In mundo erat, et mundus per ipsum factus est, et mundus eum non cognovit. In propria venit, et sui eum non receperunt. Quotquot autem receperunt eum, dedit eis potestatem filios Dei fieri, his qui credunt in nomine ejus. Qui non ex sanguinibus, neque ex voluntate carnis, neque ex voluntate viri, sed ex Deo nati sunt. ET VERBUM CARO FACTUM EST, et habitavit in nobis et vidimus gloriam ejus, gloriam quasi unigeniti a Patre, plenum gratiae et veritatis.
Monaguillo: Deo gratias.
Sacerdote: El Señor sea con vosotros.
Monaguillo: Y con tu espíritu.
Sacerdote: Principio de santo Evangelio según San Juan.
Monaguillo: Gloria a Ti, Señor
Sacerdote: En el principio existia el Verbo y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio en Dios (1). Por El fueron hechas todas las cosas: y sin El no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas (2). En el estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres: y esta luz resplandece en medio de las tinieblas , mas las tinieblas no la recibieron (3). Hubo un Hombre enviado de Dios, que se llamaba Juan (4). este vino como testigo para dar testimonio de la luz, a fin de que por el todos creyesen. No era el la luz, sino el que debía dar testimonio de la Luz. (El Verbo) era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo no le conoció. vino a los suyos, y los suyos no le recibieron (5). Pero a todos los que le recibieron, que son los que creen en su nombre, dioles potestad de llegar a ser hijos de Dios: los cuales nacen no de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre, sino de Dios (6). Y EL VERBO SE HIZO CARNE (genuflexión) y habitó en medio de nosotros: y nosotros hemos visto su gloria(7), gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Monaguillo: Gracias sean dadas a Dios.
Oraciones Adicionales
(Indulgencia de 10 años)
Se dicen en las misas rezadas, y fueron impuestas por León XIII.
Sacerdote: Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Jesus.
Pueblo.:Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen. (tres veces)
Sacerdote: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Pueblo.: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amen. (tres veces)
Salve Regina, Mater misericordiae. Vita, dulcedo, et spes nostra, salve. Ad te clamamus exsules filii Hevae. Ad te suspiramus, gementes et flentes in hac lacrimarum valle. Eia ergo, Advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte. Et Jesum, benedictum fructum ventris tui, nobis post hoc exsilium ostende. O clemens, O pia, dulcis Virgo Maria. Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve, a ti clamamos los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce siempre Virgen María!
S.: Ora pro nobis, sancta Dei Genitrix. S.: Ruega por nosotros Santa Madre de dios
P.: Ut digni efficiamur promissionibus Christi. P.: Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
S.: Amen M.:Así sea.
S.: Oremus. - Deus refugium nostrum et virtus, populum ad te clamantem propitius respice; et intercedente gloriosa et immaculata Virgine Dei Genitrice Maria, cum beato Josepho ejus Sponso, ac beatis Apostolis tuis Petro et Paulo, et omnibus Sanctis, quas pro conversione peccatorum, pro libertate et exaltatione sanctae Matris Ecclesiae, preces effundimus, misericors et benignus exaudi. Per eumdem Christum Dominum nostrum.
P.: Amen.
S.: Oremos. - .Oh Dios, nuestro refugio y fortaleza! Mira propicio al pueblo que a Ti clama; y por la intercesión de la gloriosa e inmaculada siempre Virgen María, Madre de Dios, de San José, su esposo, y de tus santos Apóstoles Pedro y Pablo, y de todos los Santos; Escucha misericordioso y benigno las suplicas que te dirigimos pidiéndote la conversión de los pecadores, la exaltación y libertad de ;a Santa Madre Iglesia. Por J. N. S.
P.: Así sea.
S.: Sancte Michael Archangele, defende nos in praelio. Contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium. Imperet illi Deus, supplices deprecamur. Tuque princeps militiae caelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo divina virtute in infernum detrude. S.: San miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sed nuestro amparo contra la maldad y acechanzas del demonio. reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder, a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
S.: Amen M.:Así sea.
S.: Cor Jesu sacratissimum
M.: Amen.
S.:Corazón Sacratísimo de Jesus.
M.:Así sea.
(1) Al crear Dios el mundo, el Verbo, o sea, la Palabra substancial de Dios Padre, ya existía.
(2) El Verbo es la Sabiduría eterna, y por eso se dice aquí que el Padre hizo por Él todas las cosas.
(3) Dios, que todo lo inunda de su luz y que ilumina hasta las más densas tinieblas, halló y siempre halla resistencia en los hombres que están ofuscados por las tinieblas de los errores doctrinales o enceguecidos por los vicios.
(4) Este es San Juan Bautista, el Precursor del Señor. Su misión fue ser testigo y anunciador oficial del Verbo, que se hizo hombre, sin dejar de ser Dios, para ser la "luz del mundo".
(5) Jesucristo no fue reconocido como Dios ni recibido y tratado como tal ni siquiera por los de su pueblo, que era el pueblo judío. Hoy tampoco lo reconocen ellos ni muchos cristianos. Es la peor desgracia que a unos y otros puede caberles.
(6) A los que recibieron a Jesucristo, al aparecer en este mundo, creyendo en él, y a los que ahora lo recibimos con fe, nos da Dios la filiación de adopción divina, por las aguas regeneradoras del Bautismo.
(7) Así es en efecto, nosotros seguimos viendo la gloria de Jesucristo, en su doctrina, en sus milagros, en sus Santos, en los resplandores de su cuerpo místico.
COOPERATOR
ORDINARIO DE LA MISA
PRIMERA PARTE DE LA MISA
La primera parte de la Misa va del comienzo al Ofertorio. Es la Misa de los Catecúmenos; Sirve de preparación al Santo Sacrificio propiamente dicho.
Nos preparamos por medio de la Oración, la Alabanza y la Instrucción.
Oraciones: Oraciones al pie del altar. - Kirye. - Oraciones.
Alabanza: Introito. - Gloria. - Gradual. - Aleluya.
Instrucción: Epístola. - Evangelio. - (Sermón). - Credo
El Sacerdote recita alternadamente con el monaguillo, el salmo Judica me, que expresa la tristeza, la confianza y la alegría:
Tristeza por vivir en la tierra del exilio, en medio de un mundo corrupto y enemigo de Dios, expuestos al pecado.
Confianza en la misericordia Dios Padre, cuyo Hijo Jesús ha muerto para expiar nuestros pecados, y que nuevamente sobre el altar nuevamente va a pedir perdón por nosotros.
Finalmente alegría, al pensar en subir al altar, después de haber obtenido la paz de una buena conciencia.
Este es el sentimiento de alegría que debe dominar en nosotros cada vez que asistimos a Misa. La asistencia a Misa debe ser para nosotros una dulce obligación, sobre todo los domingos.
(MISA DE LOS CATECÚMENOS)
1. - Ejercicio preparatorio
De rodilas
Una vez que el Celebrante ha preparado el Cáliz en el altar y ha registrado el Misal, baja las gradas, hace la genuflexión al Santísimo Sacramento encerrado en el Sagrario y empieza con la señal de la Cruz, diciendo (y todos los asistentes con él):
Y luego prosigue, alternando con el Monaguillo:
Sacerdote: Introibo ad altare Dei. Sacerdote: Entraré al altar de Dios
Monaguillo: Ad Deum qui laetificat juventutem meam. Monaguillo: Hasta Dios, que alegra mi juventud.
Salmo 42
(Se omite en las Misas de Difuntos y en las feriales del Tiempo de Pasión)
Sacerdote: Júdica, Deus, et discerne causam meam de gente non sancta: ab homine iniquo, et doloso erue me. Sacerdote: Juzgame oh Dios y defiende mi causa contra la gente malvada: del hombre perverso y enganador librame.
Monaguillo: Quia tue es, Deus, fortitudo mea: quare me repulisti et quare tristis incedo dum affligit me inimicus? Monaguillo: Siendo tu, oh Dios mi fortaleza como me siento yo desamparado, y porque ando triste al verme molestado por mi enemigo? -
Sacerdote: Emitte lucem tuam, et veritatem tuam: ipsa me deduxerunt, et adduxerunt in montem sanctum tuum, et in tabernacula tua Sacerdote: Enviame tu luz y tu verdad: ellas me han de guiar y conducir a tu santo monte, y a tu morada del Cielo
Monaguillo: Et introibo ad altare Dei: ad Deum qui laetificat juventutem meam. Monaguillo: Y entrare al altar de Dios: hasta Dios que es ;a a;egria de mi juventud.
Sacerdote: Confitebor tibi in cithara Deus, Deus meus: quare tristis es, anima mea, et quare conturbas me? Sacerdote: Y te alabare con la citara, oh Dios , Dios mio: por que estas triste, alma mia, t por que me turbas?
Monaguillo: Spera in Deo, quoniam adhuc confitebor illi : salutare vultus mei, et Deus meus. Monaguillo: Espera en Dios; pues aun he de celebrarte como a mi Dios y Salvador.
Sacerdote: Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sacerdote: Gloria al Padre y al Hijo y al Espiritu Santo
Monaguillo: Sicut erat in principio, et nunc, et semper; et in saecula saeculorum. Amen. Monaguillo: Como era en un principio y ahora y siempre y en los siglos de los siglos. Amen
Sacerdote: Introibo ad altare Dei. Sacerdote: Entraré al altar de Dios
Monaguillo: Ad Deum qui laetificat juventutem meam. Monaguillo: Hasta Dios, que alegra mi juventud.
Sacerdote: Adjuctorium nostrum in nomine Domini. Sacerdote: Nuestro socorro esta en el Senor,
Monaguillo: Qui fecit caelum et terram. Monaguillo: Que hizo el cielo y la tierra
Acto de Contrición y Absolución
Para acercarnos a Dios debemos humillarnos y reconocernos públicamente pecadores, rezando, después del Celebrante, el Acto de contrición, y recibiendo de él la absolución de las faltas veniales:
Sacedote: Confiteor Deo ... Sacedote: Yo pecador, etc.
Todos:
Misereatur tui omnipotens Deus, et dimissis peccatis tuis, perducat te ad vitam aeternam. Dios todopoderoso tenga misericordia de ti, y perdonados tus pecados, te lleve a la vida eterna. -
Sacerdote: Amen... Sacerdote: Así sea
Todos:
Confiteor Deo omnipotenti, beatae Mariae semper Virgini, beato Michaeli Archangelo, beato Joanni Baptistae, Sanctis Apostolis Petro et Paulo, omnibus Sanctis, et tibi Pater; quia peccavi nimis cogitatione, verbo et opere, (dándose tres golpes de pecho) mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa; Ideo precor beatam Mariam semper Virginem, beatum Michaelem Archagelum, beatum Joannem baptistam, sanctis Apostolos, Petrum et Paulum, omnes Sanctos, et te Pater, orare pro me ad Dominum Deum nostrum. Yo, pecador, me confieso a Dios todopoderoso, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos y a vos, Padre; que pequé gravemente con el pensamiento, palabra, y obra, (dándose tres golpes de pecho) por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos, y a vos, Padre, que roguéis por mí a Dios nuestro Señor.
Sacerdote: Misereatur vestri Omnipotens Deus, et dimissis pecatis vestris, perducat vos ad vitam aeternam. Sacerdote: Dios todopoderos tenga misericordia de vosotros, y, perdonados vuestros pecados, os lleve a la vida eterna.
Monaguillo: Amen. Monaguillo: Así sea.
Sacerdote: Indulgentiam, absolutionem U et remissionem peccatorum nostrorum, tribut nobis omnipotens, et misericors Dominus. Sacerdote: El Señor todopoderoso y misericordioso nos conceda la absolución U y el perdón de nuestros pecados.
Monaguillo: Amen. Monaguillo: Así sea.
Sacerdote: Deus, tu conversus vivificabis nos. Sacerdote: Oh Dios, vuélvete a nosotros y nos darás la vida.
Monaguillo: Et plebs tua laebitur in te. Monaguillo: Y tu pueblo se alegrará en Ti.
Sacerdote: Ostende nobis, Domine, misericordiam tuam. Sacerdote: Muéstranos, oh Señor, tu misericordia.
Monaguillo: Et salutare tuum da nobis. Monaguillo: Y sálvanos.
Sacerdote: Domine, exaudi orationem meam. Sacerdote: Señor, escucha mi oración.
Monaguillo: Et clamor meus ad te veniat. Monaguillo: Y mi clamor llegue hasta Ti.
Sacerdote: Dominus vobiscum. Sacerdote: El Señor sea con vosotros.
Monaguillo: Et cum spiritu tuo. Monaguillo: Y con tu espíritu.
El Celebrante sube al altar
Obtenido con todo esto el beneplácito del Señor, el sacerdote junta las manos, y, subiendo las gradas del l altar, besa la piedra del mismo (la piedra del Sacrificio o piedra sagrada).
Este beso al altar, significa el respeto, la veneración, el amor del Sacerdote por Jesucristo, representado por el altar.
La piedra del altar, siempre contiene las reliquias de Santos Mártires. Besando el altar, el Sacerdote muestra su unión con todos los Santos glorificados, reunidos en Christo, su Señor, y nos recuerda la obligación de ofrecernos, de inmolarnos como los Santos, si es que verdaderamente queremos participar del Sacrifico de Jesucristo.
Sacerdote: Aufer a nobis, quaesumus, Domine, iniquitates nostras: ut ad Sancta Sanctorum puris mereamur mentibus introire. Per Christum Dominum nostrum. Amen Sacerdote: Borra, oh Señor, nuestras iniquidades, para que merezcamos entrar con pureza de corazón al Santo de los Santos, por Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.
E inclinado sobre el altar, continúa diciendo:
Sacerdote: Oramus te, Domine, per merita Sanctorum tuorum, quorum, reliquiae hic sunt, et omnium Sanctorum: ut indulgeris omnia peccata mea. amen Sacerdote: Rogámoste, Señor, que por los méritos de tus Santos, cuyas Reliquias están aquí (y besa el altar), y por los de todos los Santos, te dignes perdonarme todos mis pecados. así sea.
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PRIMERA INCENSACIÓN
(Se omite en las misas rezadas y en las cantadas de Difuntos)
El diácono presenta al Celebrante la naveta con el incienso y le pide que lo bendiga, diciendo:
Diácono: Benedicite, Pater reverende. Diácono: Y mi clamor llegue hasta Ti.
Sacerdote: Ab illo bene U dicaris, in cujus honore cremaberis. amen. Sacerdote: Bende U cido seas por Aquél en cuyo honor vas a ser quemado. Así sea.
El humo del incienso simboliza la oración de los Santos, y la nuestra, que sobre todo durante la Misa debe dirigirse hacia Dios igual que el incienso que se eleva al cielo.
La incensación del altar es un homenaje de adoración a la Majestad divina, y una señal de reverencia a las reliquias de los Santos y al mismo altar.
Antes de incensar, el Sacerdote, en honor de la Santísima Trinidad, pone en tres veces el icienso en el fuego del incensario, y lo bendice haciendo el signo de la Cruz. Después, inciensa primero la Cruz del altar, después las reliquias del mismo, y después al altar. Seguidamente, es incensado tres veces el Sacerdote, porque él representa a Jesucristo y es el Ministro de Dios.
2. - Introito
(Cambia cada día y se encuentra en el Propio del Misal)
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Los fieles siguen de rodillas
3. - Kyries y Gloria (1)
El Celebrante va al centro del altar, y dice:
Kyrie, eleison (3 veces) ¡Señor, ten piedad de nosotros! (3 veces)
Christe eleison (3 veces) ¡Jesucristo, ten piedad de nosotros! (3 veces)
Kyrie, eleison (3 veces) ¡Señor, ten piedad de nosotros! (3 veces)
Se unen todos al Celebrante diciendo:
Gloria in excelsis Deo, et in terra pax hominibus bonae voluntatis. Laudamuste. Benedicimus te. Adoramuste te. Glorificamus te. Gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam. Domine Deus, Rex coelestis, Deus Pater omnipotens. Domine Filii unigenite Jesu Christe, Domine Deus, agnus Dei, Filius Patris, Qui tollis peccata mundi, miserere nobis. Qui tollis peccata mundi, suscipe deprecationem nostram. Qui sedes ad dexteram Patris, miserere nobis. Quoniam tu solus sanctus. tu solus altisimus Jesu Christe. Cum Sancto Spiritu U in gloria Dei Patris. Amen. Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombre de buena voluntad. Te alabamos. Te bendecimos. Te adoramos. Te glorificamos. Te damos gracias por tu grande gloria. Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Omnipotente. Señor, Hijo unigénito Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre. Tú que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros. Tú, que quitas los pecados del mundo, recibe nuestra suplica. Tú, que estás sentado a la diestra de Dios Padre, ten piedad de nosotros. Porque Tú sólo eres santo. Tú el sólo Señor. Tú el sólo Altísimo, Jesucristo. Con el Espíritu Santo (hacen la señal de la cruz) U en la gloria de Dios Padre. Así sea. - El Señor sea con vosotros. - Y con tu espíritu.
Sacerdote: Dominus vobiscum. Sacerdote: El Señor sea con vosotros.
Monaguillo: Et cum spiritu tuo. Monaguillo: Y con tu espíritu.
4. - Oración-Colecta
(Cambia cada día y se encuentra en el Propio del Misal)
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Puede haber dos, tres o más "Colectas", según el rito y la categoría de la fiesta. Los fieles pueden contentarse con la primera, que es la principal.
5. - 1ª Lectura bíblica: La Epístola
(Cambia cada día y se encuentra en el Propio del Misal)
Terminada la epístola responde el Diácono: Deo Gratias.)
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6. - Salmodia: Gradual - Aleluya -Tracto
(Cambia cada día y se encuentra en el Propio del Misal)
..............................................................................................................................................................
7. - 2ª Lectura bíblica: El Evangelio
(Cambia cada día y se encuentra en el Propio del Misal)
..............................................................................................................................................................
No atreviéndose a poner en sus labios la palabra de Dios sin antes purificarlos convenientemente, el Celebrante (y en las misas cantadas el Diácono), reza esta breve oración preparatoria, con la que también los fieles se han de disponer para leer el Evangelio:
Munda cor meum, ac labia mea, omnipotens Deus, qui labia Isaiae Prophetae calculo mundasti ignito, ita me tua grata miseratione dignare mudare, ut sanctum Evangelium tuum digne valeam nuntiare. Per Christum Dominum nostrum. Amen. Purifica mi corazón y mis labios, oh Dios todopoderoso, Tú que purificaste con una brasa los labios del Profeta Isaías, y dígnate por tu misericordia purificarme a mí de tal modo que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio. Por Jesucristo N. S. Así sea.
Jube, Domine, benedicere Dígnate, Señor, bendecirme.
Dominus sit in corde meo et in labiis meis ut digne et competenter annuntiem Evangelium suum. Amen. El señor esté en mi corazón y en mis labios, para que pueda anunciar digna y competentemente su Evangelio. Así sea.
De pie
Y el Sacerdote y el Diácono y los fieles se ponen de nuevo en comunicación, excitándose mutuamente la atención para la lectura del Evangelio diciendo:
Sacerdote: Dominus vobiscum. Sacerdote: El Señor sea con vosotros.
Monaguillo: Et cum spiritu tuo. Monaguillo: Y con tu espíritu.
Sacerdote: U Sequentia sancti Evangelii secundum N... Sacerdote: U Continuación del santo Evangelio según N...
Monaguillo: Gloria tibi, Domine. Monaguillo: Glorificado seas, oh Señor.
Sigue la lectura o canto del Evangelio del día. Todos lo escuchan de pie. al terminar de leerlo, el Sacerdote besa el Misal en señal de respeto. Terminado el Evangelio, se responde: Laus tibi Christi
8. - Credo
(Se dice todos los domingos, fiestas de precepto, fiestas de Nuestro Señor, de la Virgen, de los Apóstoles, de los Doctores, etc.)
Ahora rezan todos los asistentes, con el Celebrante, la siguiente solemne profesión de fe:
Credo in unum Deum Patrem omnipotentem, factorem coeli et terrae, visibilium omnium et invisibilium. Et in unum Dominum Jesum Christum, Filium Dei unigenitum. Et ex Patre natum, ante omnia saecula. Deum de Deo lumen de lumine, Deo verum de Deo vero. Genitum non factum, consubstantialem Patri; per quem omnia facta sunt. Qui propter nos homines et propter nostram salutem descendit de coelis. Creo en un solo Dios Padre todopoderoso. Creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un solo Señor, Jesucristo. Hijo unigénito de Dios. Y nacido del Padre, antes de todos los siglos. Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero. Engendrado, no formado; consubstancial al Padre, y por quien todo ha sido creado. El mismo que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó de los cielos.
Se arrodillan todos.
ET INCARNATUS EST DE SPIRITU SANCTO EX MARIA VIRGINE: ET HOMO FACTUS EST. Crucifixus etiam pro nobis sub Pontio Pilato passus, et sepultus est. et resurrexit tertia die, secundum Scripturas. Et ascendit in coelum; sedet ad dexteram Patris. Et iterum venturus est cum gloria judicare vivos et mortuos; cujus regni non erit finis. Et in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem: qui ex Patris Filioque procedit. Qui cum Patre et Filio simul adoratur, et conglorificatur; qui locutus est per Prophetas. Et unam sanctam, catholicam et apostolicam Ecclesiam. Confiteor unum baptisma in remissionem peccatorum. Et expecto resurrectionemmortuorum. Et vitam venturi U saeculi. Amen. Y SE ENCARNÓ POR OBRA DEL ESPÍRITU SANTO, EN LAS ENTRAÑAS DE LA VIRGEN MARÍA Y SE HIZO HOMBRE. Fue también crucificado por nosotros bajo el poder de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado. Y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. Y subió al cielo y está sentado a la diestra del Padre. Y otra vez vendrá con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos, y su reino no tendrá fin. Creo también en el Espíritu Santo, Señor y vivificador, el cual procede del Padre y del Hijo. Quien con el Padre y el Hijo, es al mismo tiempo adorado y glorificado, el cual habló por boca de los profetas. Creo en la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Y espero la resurrección de los muertos y la vida (hacen la señal de la cruz) U del siglo venidero. Así sea.
Sacerdote: Dominus vobiscum. Sacerdote: El Señor sea con vosotros.
Monaguillo: Et cum spiritu tuo. Monaguillo: Y con tu espíritu.
SEGUNDA PARTE DE LA MISA
(MISA DE LOS FIELES)
1ª DIVISIÓN - EL OFERTORIO
9. - El Ofertorio
(Cambia cada día y se encuentra en el Propio del Misal)
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10. - Ofrecimiento de la Hostia
El Sacerdote ofrece la Hostia grande (y también las pequeñas si las ubiere), Levantando la patena con la Hostia, dice:
Sacerdote: Suscipe, sancte Pater, omnipotens aeterne Deus, hanc immaculatam Hostiam, quam ego indignus famulus tuus offero tibi, Deo meo vivo, et vero, pro innumerabilibus peccatis, et offensonibus, et negligentilis meis, et pro omnibus circunstatibus, sed et pro omnibus, fidelibus christianis: ut mihi et illis proficiat ad salutem in vitam aeternam. Amen Sacerdote: Recibe, oh Padre Santo, omnipotente y eterno Dios, esta que va a ser Hostia inmaculada y que yo, indigno siervo tuyo, te ofrezco a Ti, mi Dios vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias, y por todos los circunstantes, así como también por todos los fieles cristianos vivos y difuntos; a fin de que a mí y a ellos nos aproveche para la salvación y vida eterna. Así sea.
El Sacerdote echa en el Cáliz un poco de vino con unas gotas de agua, símbolo el vino de la Divinidad y el agua de la Humanidad. Jesús, Hijo de Dios, Dios y Hombre, va a ofrecerse sobre el altar, y, con Él, se ofrecerán, unidos al Celebrante, todos los asistentes. Todos los fieles, junto con Jesucristo, formamos un cuerpo misterioso, un cuerpo místico: Jesucristo es la cabeza y nosotros los miembros.
Sacerdote: Deus, U qui humanae substantiae dignatem mirabiliter condisti, et mirabilius reformasti: da nobis per hujus aquae et vini mysterium, ejus Divinitatis esse consortes, qui humanitatis nostrae fieri dignatus est particeps, Jesus Christus, Filius tuus, Dominus noster. Qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus: per omnia saecula saeculorum. amen. Sacerdote: Oh Dios, U que maravillosamente formaste la naturaleza humana y mas maravillosamente la reformaste: haznos, por el misterio de esta agua y vino, participar de la divinidad de Aquel que se digno hacerse participante de nuestra humanidad, Jesucristo, tu Hijo Señor nuestro, que, Dios como es, contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Así sea.
11. - Ofrecimiento del Cáliz
Lo mismo que ha ofrecido antes la Hostia, el Celebrante ofrece ahora el Cáliz.
Sacerdote: Oferimus tibi, Domine, calicem salutaris, tuam deprecantes clamentiam: ut in conspectu divinae Majestatis tuae, pro nostra et totius mundi salute cum odore suavitatis ascendat. amen. Sacerdote: Te ofrecemos, Señor, el Cáliz de salvación, implorando de tu clemencia que llegue en olor de suavidad hasta el acatamiento de tu Divina Majestad, para nuestra salvación y la de todo el mundo. así sea.
12. - Ofrecimiento del Sacerdote y de los fieles
Sacerdote: In spiritu humilitatis et in animo contrito suscipiamur a te, Domine: et sic fiat sacrificium nostrum in conspectu tuo hodie , ut placeat tibi, Domine Deus. Sacerdote: Recíbenos, Señor, animados de un espíritu humilde y de un corazón arrepentido: y tal efecto produzca hoy nuestro sacrificio en tu presencia, que del todo te agrade, oh Señor y Dios nuestro!
Y bendiciendo las ofrendas, el Celebrante continúa:
Sacerdote: Veni santificator omnipotens aeterne Deus: et bene U dic hoc sacrificium tuo sacto nomini praeparatm. Sacerdote: Ven, oh Dios santificador, omnipotente y eterno, y ben U dice este sacrificio preparado para gloria de tu santo nombre! (1)
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SEGUNDA INCENSACIÓN
(Se omite en las misas rezadas)
Esta nueva incensación tiene por objeto honrar el Cáliz y la Hostia ofrecidos, el altar, el Celebrante, los Ministros sagrados, y todos los fieles asistentes, envolviéndolo todo en una misma oleada de fervorosa oración.
Antes de hacer uso del incienso, el Celebrante lo bendice diciendo:
Per intercessionem beati Michaelis Archangeli, statis a dextris altaris incensi, et omnium electorum suorum, incensum istud dignetur Dominus bene U dicere, et in odorem suavitatis accipere. Per Christum dominum nostrum. Amen Por la intercesión de San Miguel Arcángel, que asiste a la diestra del altar de los perfumes, y de todos sus elegidos, dignese el Señor ben U decir este incienso y recibirlo en olor de suavidad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.
Empieza por incensar las ofrendas, diciendo:
Incensum istud a te benedictum, ascendat ad te, Domine, et descendat super nos misericordia tua. Suba, oh Señor, hasta Ti este incienso que Tú has bendecido, y descienda sobre nosotros tu misericordia.
Ahora inciensa el Crucifijo y el altar, diciendo:
Salmo 140
Dirigatur, Domine, oratio mea sicut incensum in conspectu tuo: elevatio manuum mearum sacrificium vespertinum. Pone, Domine, custodiam ori meo, et ostium circumstatiae labiis meis; ur non declinet cor meum in verba malitiae, ad excusandas escusationes in peccatis. Suba mi oración, oh Señor, como sube este incienso; valga la elevación de mis manos como el sacrificio vespertino. Pon, oh Señor, guarda a mi boca y un candado a mis labios, para que mi corazón no se desahogue con expresiones maliciosas, buscando cómo excusar mis pecados.
Y al entregar el incienso al Diácono, le dice:
Ascendat in nobis Dominus ignem sui amoris, et flamman aeternae caritatis. Amen. Encienda el Señor en nosotros el fuego de su amor y la llama de su eterna caridad. Así sea.
Y el Diácono inciensa al Celebrante y a los Ministros, y si hay Coro, al clero, y el turiferario inciensa con tres golpes al pueblo en general.
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13. - Lavatorio de las manos
El Celebrante, aunque tiene las manos limpias, se las lava para expresar el deseo que tiene de la pureza interior, tan necesaria para tratar con Dios. Entre tanto reza el Salmo 25.
Salmo 25
Lavabo inter innocentes manus meas: et circumdabo altare tuum, Domine Lavaré mis manos entre los inocentes; y me pondré oh Señor, al servicio de tu altar. Para hacerme eco de los cánticos de alabanza, y proclamar todas tus maravillas.
Ut audiam vocem laudis: et enarrem universa mirabilia tua. Para hacerme eco de los canticos de alabanza, y proclamar todas tus maravillas. Yo he
Domine, dilexi decorem domus tuae: et locum habitationis gloriae tuae. Yo he amado, oh Señor, el decoro de tu casa, y la mansión de tu gloria.
No perdas cum impiis, Deus animam meam: et cum viris sanguinum vitam meam. No pierdas, Dios mio, mi alma con los impios, ni mi vida con los hombres sanguinarios.
In quorum manibus iniquitqtes sunt: dextera eorum repleta est muneribus. Cuyas manos estan manchadas de maldad, y su diestra cargada de sobornos.
Ego autem in innocentia mea ingressus sum: redime me, et miserere mei. Yo, en cambio, he procedido con inocencia; librame Tu y ten piedad de mi.
Pes meus stetit in directo: in ecclesiis benedicam te, Domine. Mi pie ha andado por el camino recto: por lo que podre alabarte, oh Senor en las asambleas de los fieles.
Gloria Patri ... Gloria al Padre ...
Sicut erat ... Como era ...
14. - Recomendación de la Hostia y del Cáliz
Volviendo al medio del altar e inclinado, el sacerdote recomienda a la Sma. trinidad el Sacrificio que está celebrando para gloria de Dios, honra de los Santos y provecho de los hombres, diciendo:
Suscipe sancta Trinitas, hanc oblationem, quam tibi offerimus ob memoriam passionis, resurrectionis, et ascensionis Jesu Christi Domini nostri: et in honorem beatae Mariae semper virginis, et beati Joannis Baptistae, et sanctorum Apostolorum Petri et Pauli, et istorum, et omnium Sanctorum: ut illis proficiat ad honorem, nobis autem ad salutem, et illi pro nobis intercedere dignentur in coelis, quorum memoriam agimus in terris. Per eumdem Christum Dominum nostrum. Amen Recibe, oh Trinidad Santa, esta oblación que te ofrecemos en memoria de la Pasión, Resurrección y Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo y en honor de la bienaventurada siempre Virgen Maria, del bienaventurado San Juan Bautista y de los Santos A[postóles San Pedro y San Pablo, y de éstos y de todos los Santos; para que a ellos les sirva de honor y a nosotros nos aproveche para la salvación, y se dignen interceder por nosotros en el cielo aquellos de quienes hacemos memoria en la tierra. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. así sea..
15. - Intercambio de oraciones
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El sacerdote besa el altar, se vuelve hacia el pueblo y, abriendo y cerrando los brazos como para abrazar a todos en nombre de Cristo, cuyas veces está haciendo, se encomienda a sus oraciones diciendo:
Orate fratres: ut meum ac vestrum sacrificium acceptabile fiat apud Deum Patrem omnipotens. Orad, hermanos, a fin de que mi sacrificio y el vuestro, sea aceptado en el acatamiento de Dios, Padre omnipotente
Y el pueblo le responde, orando por él, en estos términos:
Todos:
Suscipiat Dominus sacrificium de manibus tuis ad laudem et gloriam nominis sui, ad utilitatem quoque nostram, totiusque Ecclesiae tuae sanctae. El Señor reciba de tus manos este Sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, y para nuestro provecho y el de toda su Santa Iglesia. Amen.
16. - Oración-Secreta
(Cambia cada día y se encuentra en el Propio del Misal)
La Oración-Secreta puede ser una, dos, tres, o más, según haya sido el número de las "Colectas"
2ª DIVISIÓN. - LA CONSAGRACIÓN
17. - Prefacio
(El prefacio cambia en algunas festividades)
A modo de introducción, entre Celebrante y monaguillo (o el coro en las Misas cantadas), se entabla el siguiente diálogo:
Sacerdote: Per omnia saecula saeculorum Sacerdote: Por todos los siglos de los siglos
Monaguillo: Amen. Monaguillo: Así sea.
Sacerdote: Dominus vobiscum. Sacerdote: El Señor sea con vosotros.
Sacerdote: Sursum corda. Sacerdote: ¡Arriba los corazones!
Monaguillo: Abemus ad Dominum. Monaguillo: Ya los tenemos unidos al Señor
Sacerdote: Gratias agamus Domino Deo nostro. Sacerdote: Demos gracias al Señor Dios nuestro.
Monaguillo: Dignum et justum est. Monaguillo: Digno y justo es.
Prefacio de los domingos ordinarios
Vere dignum et justum ets aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui cumm unigenito Filio tuo, et Spiritu Sancto, unus es Deus, unus es Dominus: non in unius singularitate personae, sed in unius Trinitate substantiae. Quod enim de tua gloria, revelante te, credimus, hoc de Filio tuo, hoc de Spiritu Sancto, sine differentia discretionis sentimus. Ut in confessione verae, sempiternaeque Deitatis, et in personis Proprietas, et in essentia unitas, et in majestate adoretur aequalitas. Quam laudat Angeli atque Arcangeli, Cherubim quoque ac Sraphim: qui non cessant clamare quotidie, una voce dicentes: Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Quien, con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, eres un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto creemos, por habérnoslo Tu revelado, acerca de tu gloria, creémoslo igualmente de tu Hijo, y del Espíritu Santo, sin haber diferencia ni separación. De modo que, al reconocer una sola verdadera y eterna Divinidad, sea también adorada la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar diariamente, diciendo a coro:
Y dicen todos de rodillas
Sanctus, Sanctus, Sanctus Dominus Deus Sabaoth. Pleni sunt caeli, et terra gloria tua. Hosanna in excelsis. Benedictus qui venit in nomine Domini. Hosanna in excelsis. Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los Ejércitos. Llenos están los cielos y la Tierra de tu gloria. Hosanna en las alturas: Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en las alturas.
CANON DE LA MISA
18. - Plegaria por la Iglesia
El Celebrante, levantando los brazos y los ojos hacia el Crucifijo, como para acercárselo más a Cristo y mejor identificar el Calvario con el Altar, reza profundamente inclinado y en silencio:
Te igitur, clementissime Pater, per Jesum Christum Filium tuum Dominum nostrum, supplices rogamus ac petimus, uti accepta habeas, et benedicas, haec U dona, haec U munera, haec U sancta sacrificia illibata, in primis, quae tibi offerimus pro Ecclesia tua sancta catholica: quam pacificare, custodire, adunare, et regere digneris toto orbe terrarum: unacum famulo tuo Papa nostro N. et Antistite nostro N. et omnibus orthodoxis, atque cattholicae et Apostolicae fidei cultoribus. Te pedimos, pues, y humildemente te rogamos, oh Padre clementísimo, por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que recibas y bendigas estos U dones, estas U ofrendas y estos U santos y puros sacrificios; que te ofrecemos, en primer lugar, por tu Santa Iglesia católica, para que te dignes darle la paz, guardarla, unificarla, y gobernarla en toda la redondez de la tierra, juntamente con tu ciervo el Papa N., nuestro Prelado N., y todos los que profesan la verdadera fe católica y apostólica. (1)
19. - "Memento" de los vivos
El Celebrante extiende y junta las manos mirando al Crucifijo, reza las primeras palabras de la siguiente oración (hasta N., N.), y, después de una breve pausa, para encomendar a algunas personas en particular y nominalmente, prosigue lo demás:
P: Memento Domine famulorum, famularumque tuarum N. et N. et omnium circumstantium, quorum tibi fides cognita est, et nota devotio, pro quibus tibi offerimus: vel qui tibi offerunt hoc sacrificium laudis pro se, suisque omnibus: pro redemptione animarum suarum, pro spe salutis et incolumitatis suae : tibique reddunt vota sua aeterno Deo vivo et vero. Acuérdate, Señor, de tus siervos y siervas N. y N...., y de todos los circunstantes, cuya fe y devoción te son conocidas (2); por los que te ofrecemos, o que ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, por sí y por todos los suyos, por el rescate de sus almas, y por su salud y bienestar corporal; y que también te tributan sus homenajes a Ti, Dios eterno, vivo y verdadero.
20. - Conmemoración de los Santos
Para que la oración de la Iglesia militante sea mejor atendida por Dios Padre, invoca ahora el Celebrante la intercesión de la Sma. Virgen y de los Santos de la Iglesia triunfante, en cuyo honor se ofrece también este Sacrificio:
Communicantes, et memoriam venerantes, in primis gloriosae semper virginis Mariae genitricis Dei et Domini nostri Jesu Christi: sed et beati Joseph, ejusdem virginis sponsi et beatorum Apostolorum ac martyrum tuorum, Petri et Pauli, Andreae, Jacobi, Joannis, Thomae, Jacobi, Philippi, Bartholomaei, Matthaei, Simonis et Thaddaei: Lini, Cleti, Clementis, Xysti, Cornelii, Cypriani, Laurentii, Chrysogoni, Joannis et Pauli, Cosmae et Damiani, et omnium sanctorum tuorum: quorum meritis precibusque concedas, ut in omnibus protectionis tuae muniamur auxilio. Per eumdem Christum Dominum nostrum. Amen. Unidos por la comunión de los Santos*** y honrando , primeramente, la memoria de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, Señor y Dios nuestro, y la de tus bienaventurados Apóstoles y Mártires: Pedro y Pablo, Andrés, Santiago, Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo, Lino, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisogono, Juan y Pablo, Cosme y Damián, y de todos tus Santos; te pedimos, por sus meritos e intercesión, nos concedas ser fortalecidos en todo con el auxilio de tu protección. Por el mismo Jesucristo N. S. Así sea
21. - Jesucristo, nuestra Víctima
Cumplido el deber de caridad de encomendar a Dios a la Iglesia militante y triunfante, el Celebrante concentra toda la atención sobre el Cáliz y la Hostia, y extiende sobre ellos ambas manos como para descargar sobre Jesucristo todos nuestros pecados y responsabilidades y constituirlo nuestra Víctima.
Hanc igitur oblationem servitutis nostrae, sed et cunctae familiae tuae, quaesumus, Domine, ut placatus accipias : diesque nostros in tua pace disponas, atque ab aeterna damnatione nos eripi, et in electorum tuorum jubeas grege numerari. Per Christum Dominum nostrum. Amen. Por lo mismo, Señor, te rogamos te dignes admitir favorablemente esta ofrenda en testimonio de nuestra dependencia y de toda tu familia: y hacer que pasemos, en paz contigo, los días de nuestra vida, que nos veamos libres de la condenación eterna y seamos por Ti incluidos en el número de tus escogidos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.
El Celebrante hace algunas señales de la cruz sobre el pan y el vino. El monaguillo toca la campanilla y, en las Misas rezadas, sube a la grada para levantar la casulla desl sacerdote, facilitándole así sus movimientos.
Quam oblationem tu, Deus, in omnibus, quaesumus benedictam U adscriptam U , ratam U rationabilem, acceptabilemque facere digneris: ut nobis Corpus U et Sanguis U fiat dilectissimi Filii tui Domini nostri Jesu Christi. La cual ofrenda, suplicamoste, oh Dios, te dignes ordenar sea ben U dita, adscri U ta, ratifi U cada, racional y agradable: de suerte que se convierta, para nuestro provecho, en el Cuer U po y San U gre de tu muy amado Hijo Jesucristo, Nuestro Señor.
2ª DIVISIÓN. - LA CONSAGRACIÓN
22- - Consagración y elevación de la Hostia
Ha llegado el momento más solemne de la misa. Por orden del Señor se va a renovar la última Cena. "El Sacrificio que se ofrece sobre el altar, dice el Concilio de Trento, es el mismo que fue ofrecido sobre el Calvario: es el mismo Sacerdote, la misma Víctima". Aunque nuestro Señor se halla todo entero bajo cada una de las Especies consagradas, puesto que ya no puede morir, el pan es cambiado en el Cuerpo de Jesucristo y el vino en su Sangre. De un modo incruento, aunque maravilloso, hállase sobre el altar representado el monte Calvario, en el cual la Sangre de Jesús quedó separada de su sagrado Cuerpo
El Sacerdote toma primero la Hostia con ambas manos, diciendo y haciendo lo que el siguiente texto evangélico indica, y, después de consagrarla, la eleva, para adorarla él y ofrecerla a la adoración de todos los asistentes:
QUI PRIDIE QUAM PATERETUR, ACCEPIT PANEM IN SANCTAS AC VENERABILES MANUS SUAS: ET ELEVATIS OCULIS IN COELUM AD TE DEUM PATREM SUUM OMNIPOTENTEM, TIBI GRATIAS AGENS, BENEDIXIT †, FREGIT, DEDITQUE DISCIPULIS SUIS, DICENS: "ACCIPITE ET MANDUCATE EX HOC OMNES : EL CUAL, LA VÍSPERA DE SU PASIÓN, TOMÓ UN PAN EN SUS SANTAS Y VENERABLES MANOS, Y LEVANTANDO LOS OJOS AL CIELO EN DIRECCIÓN A TI, OH DIOS, SU PADRE OMNIPOTENTE, DÁNDOTE LAS GRACIAS, LO BEN U DIJO, LO PARTIÓ U SE LO DIO A SUS DISCÍPULOS, DICIENDO: TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL
El ayudante toca la campanilla al hacer el Sacerdote la genuflexión, al elevar la Hostia y al arrodillarse de nuevo. La elevación de las sagradas Especies después de la Consagración fue y será una protesta contra los herejes que negaban y niegan la presencia real. La S. Congregación de la Penitencia concedió una indulgencia de 7 años a los que mirando a la Hostia, dijeren con Santo Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!".
23. - Consagración y elevación del Cáliz
El Celebrante toma ahora con ambas manos el Cáliz, diciendo y haciendo lo que el siguiente texto evangélico indica, y después de consagrarlo, lo eleva, para adorarlo él y ofrecerlo a la adoración de los asistentes:
SIMILI MODO POSTQUAM COENATUM EST, ACCIPIENS ET HUNC PRAECLARUM CALICEM IN SANCTAS AC VENERABILES MANUS SUAS: ITEM TIBI GRATIAS AGENS, BENEDIXIT U DEDITQUE DISCIPULIS SUIS, DICENS : "ACCIPITE ET BIBITE EX EO OMNES: DE IGUAL MODO, AL TERMINAR LA CENA TOMÓ TAMBIÉN ESTE PRECIOSO CÁLIZ EN SUS SANTAS Y VENERABLES MANOS, Y DÁNDOTE DE NUEVO GRACIAS, LO BENDI U JO, Y SE LO DIO A SUS DISCÍPULOS, DICIENDO: TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL.
(1)
HAEC QUOTIESCUMQUE FECERITIS IN MEI MEMORIAM FACIETIS CUANTAS VECES HICIEREIS ESTO, HACEDLO EN MEMORIA DE MI
Ya está obrado el milagro de la transubstanciación. Lo que hay ahora sobre el altar ya no es pan ni vino, sino el verdadero Cuerpo y Sangre del Señor. Jesucristo está aquí vivo y glorioso, como en el cielo. Eso enseña la fe y eso debemos creer, aunque a nuestros sentidos les parezca otra cosa. Lo creemos, porque Dios nos lo asegura y Dios no puede engañarnos.
24. - Conmemoración de la Pasión, Resurrección
y Ascensión del Señor
La Víctima está inmolada sacramentalmente; el sacerdote va a ofrecerla al Padre, recordando el encargo de Jesús y los principales misterios de la vida del Salvador. Continúa con los brazos extendidos:
Unde et memores Domine, nos servi tui, sed et plebs tua sancta, ejusdem Christi Filii tui Domini nostri tam beatae passionis, nec non et ab inferis resurrectionis, sed et in coelos gloriosae ascensionis: offerimus praeclarae majestati tuae de tuis donis ac datis, hostiam U puram, hostiam U sanctam, hostiam U immaculatam, Panem U sanctum vitae aeternae, et Calicem U salutis perpetuae. Por lo cual, oh Señor, acordándonos nosotros tus siervos y tu pueblo santo, así de la dichosa Pasión de tu mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo, como de su resurrección del sepulcro, y de su gloriosa Ascensión a los cielos: ofrecemos a tu Majestad, de entre tus dones y dádivas, una Hostia U pura, una Hostia U santa, una Hostia U inmaculada, el Pan U santo de la vida eterna y el Cáliz U de perpetua salvación (2).
Si Dios aceptó los sacrificios del Antiguo Testamento, figuras tan sólo del Sacrificio del Calvario, con mayor motivo aceptará el del altar.
25. - Recomendación del Sacrificio
Y sigue orando, con los brazos extendidos, para encomendar a Dios Padre el Sacrificio eucarístico que está celebrando.
Supra quae propitio ac sereno vultu respicere digneris: et accepta habere, sicuti accepta habere dignatus es munera pueri tui justi Abel, et sacrificium patriarchae nostri Abrahae: et quod tibi obtulit summus sacerdos tuus Melchisedech, sanctum sacrificium, immaculatam hostiam. Sobre las cuales ofrendas dígnate mirar con ojos favorables y semblante apacible, y aceptarlas como tuviste a bien aceptar los dones de tu siervo el inocente Abel, y es Sacrificio de nuestro Patriarca Abrahán, asi como también el que te ofreció tu Sumo Sacerdote Melquisedec: sacrificio aquel santo, hostia inmaculada (3).
El sacerdote se inclina profundamente, y recuerda que la Hostia inmolada en el altar de nuestras Iglesias es aquel Cordero "inmolado" que está en el cielo sobre el altar de oro "delante del trono de Dios" (Apoc. 3.) Comulgar de tal Hostia es sentarse en la mesa del Padre celestial, con quien Jesucristo nos ha reconciliado mediante el sacrificio de la cruz y del altar.
Supplices te rogamus, omnipotens Deus; jube haec perferri per manus sancti Angeli tui in sublime altare tuum, in conspectu divinae majestatis tuae: ut quotquot ex hac altaris participatione, sacrosanctum Filii tui Corpus † et Sanquinem † sumpserimus omni benedictione coelesti et gratia repleamur. Per eumdem Christum Dominum nostrum. Amen. Humildemente te suplicamos, oh Dios todopoderoso, que mandes transportar estas ofrendas por manos de tu santo Ángel a tu altar celestial (4) y hasta el acatamiento de tu divina Majestad: a fin de que todos cuantos, comulgando en este altar, recibiéremos el santo Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, seamos colmados de todas las bendiciones y gracias celestiales. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.
26. - "Memento" de los difuntos
El Celebrante ruega ahora por los difuntos. "Las almas del purgatorio son aliviadas durante el Sacrificio ofrecido a su intención", dice S. Jerónimo. El Sacerdote extiende y junta las manos mirando el Crucifijo, reza las primeras palabras de la siguiente oración (hasta N. N:), y, después de una breve pausa para encomendar a Dios algunos difuntos en particular y nominalmente, prosigue lo demás con los ojos fijos en la Hostia.
Memento etiam, Domine, famulorum famularumque tuarum N. et N. qui nos praecesserunt cum signo fidei, et dormiunt in somno pacis. P: Ipsis Domine, et omnibus in Christo quiescentibus, locum refrigerii, lucis et pacis, ut indulgeas, deprecamur, per eumdem Christum Dominum nostrum. Amen Acuérdate también, Señor, de tus siervos y siervas N... N... (5), que nos han precedido con la señal de la fe y duermen el sueno de la paz. A ellos. oh Señor, y a todos los que descansan en Cristo, rogamoste los coloques en el lugar del refrigerio, de la luz y de la paz. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.
27. - Oración por nosotros, los pecadores
Un golpe de pecho, y una declaración rotunda y sincera de nuestra condición de pecadores es lo que mejor cuadra ahora, en presencia de la sagrada Víctima, al pedir por caridad un lugar en el cielo en compañía de todos los Santos. Se une así, al recuerdo de la Iglesia purgante el de la militante y triunfante.
Nobis quoque peccatoribus famulis tuis, de multitudine miserationum tuarum sperantibus, partem aliquam et societatem donare digneris, cum tuis sanctis Apostolis et Martyribus: cum Joanne, Stephano, Matthia, Barnaba, Ignatio, Alexandro, Marcellino, Petro, Felicitate, Perpetua, Agatha, Lucia, Agnete, Caecilia, Anastasia, et omnibus sanctis tuis : intra quorum nos consortium, non aestimator meriti, sed veniae, quaesumus, largitor admitte.
Per Christum Dominum nostrum.
Amen .
También a nosotros, tus siervos pecadores, que confiamos en la abundancia de tu misericordia, dígnate darnos participación y entrada con tus Santos Apóstoles y Mártires: con Juan, Esteban, Matías, Bernabé, Ignacio, Alejandro, Marcelino, Pedro, Felicidad, Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia, y todos tus Santos: en cuya compañía te rogamos nos admitas, no en atención a nuestros meritos, sino por tu gran misericordia. Por Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.
Y trazando tres veces la señal de la cruz sobre la Hostia y el Cáliz, el Sacerdote prosigue diciendo:
Per quem haec omnia, Domine, semper bona creas, sanctificas U vivificas U benedicis U et praestas nobis Por quien siempre produces, oh Señor, todos estos bienes, los santi U ficas, los vivif U icas, los ben U dices y nos los otorgas.
28. - Fin del "Canon" y pequeña elevación
Y trazando cinco nuevas cruces (esta vez con la Hostia consagrada) y la siguiente fórmula de alabanza o dosología, termina la serie de preces que componen el "Canon":
PER IPSUM † , ET CUM IPSO † , ET IN IPSO † , EST TIBI DEO PATRI † OMNIPOTENTI, IN UNITATE SPRITUS † SANCTI, OMNIS HONOR ET GLORIA.
Sacerdote: Per omnia saecula saeculorum.
Monaguillo: Amen. POR ÉL U Y CON ÉL U Y EN ÉL U A TI, DIOS PADRE U OMNIPOTENTE, EN UNIÓN CON EL ESPÍRITU U SANTO, SE DIRIGE TODO HONOR Y GLORIA(6).
Sacerdote: Por todos los siglos de los siglos.
Monaguillo: Así sea
Retengamos esta gran verdad "Por Cristo, con Cristo y en Cristo, damos a Dios (en la santa Misa) todo honor y toda gloria". De ahí que la Misa sea el homenaje más grande y más valoso de cuantos podamos tributar en este mundo a la Divinidad.
3ª DIVISIÓN. - LA COMUNIÓN
29. - 1ª Oración preparatoria para la Comunión:
La Oración Dominical
El Celebrante empieza ahora la preparación inmediata a la Comunión con la Oración del "Padrenuestro", que compuso y enseñó a los Apóstoles Jesucristo mismo. El Celebrante no se atreve a rezarla sin pedirle a Dios, con una frase previa, su beneplácito:
Sacerdote: Oremus. Praeceptis salutaribus moniti, et divina institutione formati, audemus dicere :
Sacerdote: Oremos. - Teniendo en cuenta la orden del Señor y aleccionados por el divino Maestro, nos atrevemos a exclamar:
Pater noster, qui es in coelis ; sanctificetur nomen tuum ; adveniat regnum tuum: fiat voluntas tua sicut in coelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie ; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem. Padre nuestro, que estás en los cielos. Santificado sea el tu nombre. Venga a nos el tu reino. Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación.
Monaguillo: Sed libera nos a malo.
Sacerdote: Amen. Monaguillo: Mas líbranos del mal
Sacerdote: Así sea.
E insistiendo en la última petición del Padrenuestro: "Mas líbranos del mal", digámosle a Dios de qué males queremos que nos libre por la intercesión de la Virgen y de todos los santos; Libera nos, quaesumus Domine, ab omnibus malis praeteritis, praesentibus, et futuris: et intercedente beata et gloriosa semper Virgine Dei Genitrice Maria, cum beatis Apostolis tuis Petro at Paulo, atque Andrea, et omnibus sanctis, da propitius pacem in diebus nostris: ut ope misericordiae tuae adjuti, et a peccato simus semper liberi, et ab omni perturbatione securi. Per eumdem Dominum nostrum Jesum Christum Filium tuum. Qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus. Per omnia saecula saeculorum. Líbranos, si, Señor, de todos los males pasados, presentes y futuros; y por la intercesión de la gloriosa siempre Virgen Maria, Madre de Dios, y de tus bienaventurados Apóstoles San Pedro, San Pablo y San Andrés, y todos los demás Santos danos bondadosamente la paz en nuestros días; a fin de que, asistidos con el auxilio de Tu misericordia, estemos siempre libres de pecado y al abrigo de cualquier perturbación. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro e Hijo tuyo, que, Dios como es, contigo vive y reina en unidad del Espiritu Santo. Por los siglos de los
Monaguillo: Amen Monaguillo: Así sea.
30. - Fracción de la Hostia
El Celebrante divide ahora la Hostia grande en tres partes, la menor de las cuales arroja en el Cáliz después de hacer sobre él, con ella, tres cruces diciendo:
Sacerdote: Pax U Domini sit U semper vobiscum U .
Monaguillo: Et cum spiritu tuo.
Sacerdote: La paz U del Señor U sea siempre con U vosotros.
Monaguillo: Y con tu espíritu
El Sacerdote deja caer en el Cáliz la partícula de la Hostia.
Sacerdote: Haec commixtio et consecratio Corporis et Sanguinis Domini nostri Jesu Christi fiat accipientibus nobis in vitam aeternam. Amen. Sacerdote: Que esta mezcla de los elementos consagrados del Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, nos aproveche a quienes la recibimos, para la vida eterna. Así sea
31. - 2ª Oración preparatoria para la Comunión:
Los "Agnus Dei"
Para que nuestra alma se purifique más y más y se sature de compunción, invoquemos la misericordia del mismo "Cordero de Dios" que vamos a recibir, y expresemos nuestra contrición dándonos tres golpes de pecho y diciendo lo que dijo S. Juan Bautista señalando a los judíos al Mesías que los debía salvar:
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, dona nobis pacem
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo ¡ten misericordia de nosotros!
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo ¡ten misericordia de nosotros!
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo ¡danos la paz!
32. - Oración por la paz *
Inclinado el Sacerdote sobre la sagrada Hostia, como quien habla boca a boca con un amigo, reza la siguiente oración por la paz, que nosotros hemos de rezar también con la confianza que debe inspirarnos el ver a Dios en el Altar en estado de Víctima y al alcance, puede decirse, de nuestra mano:
Domine Jesu Christe, qui dixisti Apostolis tuis: pacem relinquo vobis, pacem meam do vobis: ne respicias peccata mea, sed fidem Ecclesiae tuae; eamque secundum voluntatem tuam pacificare et coadunare digneris. Qui vivis et regnas Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen. . Señor Jesucristo, que dijiste a tus Apóstoles: Mi paz os dejo, mi paz os doy; no te fijes en mis pecados, sino en la fe de tu Iglesia, a la cual dígnate pacificarla y unirla conforme a tu voluntad. Tú que vives y reinas por todos los siglos de los siglos. Así sea. .
En las misas solemnes (excepto en las de Difuntos y en las del Jueves Santo) el Celebrante y los diáconos se dan en este momento el ósculo de paz.
33. - Últimas oraciones preparatorias
para la Comunión
Y siguen estas dos últimas oraciones, rebosante la primera de confianza, y llena la segunda de humildad.
Domine Jesu Christe, Fili Dei vivi, qui ex voluntate Patris cooperante Spritu Sancto, per mortem tuam mundum vivificasti: libera me per hoc sacrosanctum Corpus et Sanguinem tuum ab omnibus iniquitatibus meis et universis malis: et fac me tuis semper inhaerere mandatis: et a te nunquam separari permittas : qui cum eodem Deo Patre et Spiritu Sancto vivis et regnas Deus in saecula saeculorum. Amen.
Perceptio Corporis tui, Domine Jesu Christe, quod ego indignus sumere praesumo, non mihi proveniat in judicium et condemnationem : sed pro tua pietate prosit mihi ad tutamentum mentis et corporis, et ad medelam percipiendam. Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.
Oh Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo,que, por voluntad del Padre y con la cooperación del Esíritu Santo, diste la vida al mundo por tu muerte: líbrame, por tu sagrado Cuerpo y Sangre de todas mis iniquidades y de todos los demás males, y haz que cumpla siempre tus mandamientos y no permitas que jamás me aparte de Ti, quien sienfo Dios, vives y reinas con el mismo Dios Padre y con el Espíritu Santo, Por los siglos de los siglos. así sea.
La comunión de tu Cuerpo, Señor Jesucristo, que yo indigno me atrevo a recibir ahora, no se me convierta en motivo de juicio y condenación; sino que, por tu misericordia, me sirva de protección para alma y para cuerpo y de medicina saludable. Tú, que siendo Dios, vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Así sea.
34. - Comunión del Celebrante
El Sacerdote junta las dos partes de la Hostia, preparándose para consumirla, y dice:
Panem coelestem accipiam et nomen Domini invocabo.
Recibiré el Pan celestial, e invocare el Nombre del Señor.
Con la Hostia en la mano izquierda y sobre la patena, y dándose golpes de pecho, el Sacerdote dice tres veces, confesando su indignidad:
Domine, non sum dignus ut intres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanabitur anima mea (tres veces) Señor, yo no soy digno de que entres en mi pobre morada, mas di una sola palabra y mi alma será salva. (tres veces)
Y comulga bajo la especie de PAN, diciendo:
Corpus Domini nostri Jesu Christi custodiat animam meam in vitam aeternam. Amen. El Cuerpo de Nuestro Señor U Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna. Así sea.
Y mientras recoge sobre el corporal las partículas que han podido desprenderse de la Hostia grande, se prepara a consumir el Cáliz, diciendo:
Quid retribuam Domino pro omnibus quae retribuit mihi? Calicem salutaris accipiam, et nomen Domini invocabo Dominum, et ab inimicis meis salvus ero. ¿Con que corresponderé yo al Señor por todo cuanto El me ha dado? Sumiré el Cáliz de salvación e invocaré al Señor con cánticos de alabanza, y me pondré a salvo de mis enemigos
Y comulga bajo la especie de VINO, diciendo:
Sanguis Domini nostri Jesu Christi custodiat animam meam in vitam aeternam. Amen. La Sangre de Nuestro Señor U Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna.
35. - Comunión de los fieles
Mientras el Celebrante comulga con el Cáliz, el Monaguillo y los fieles rezan el acto de contricción, preparándose para la comunión:
Confiteor Deo omnipotenti, beatae Mariae semper Virgini, beato Michaeli Archangelo, beato Joanni Baptistae, Sanctis Apostolis Petro et Paulo, omnibus Sanctis, et tibi Pater; quia peccavi nimis cogitatione, verbo et opere, (dándose tres golpes de pecho) mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa; Ideo precor beatam Mariam semper Virginem, beatum Michaelem Archagelum, beatum Joannem baptistam, sanctis Apostolos, Petrum et Paulum, omnes Sanctos, et te Pater, orare pro me ad Dominum Deum nostrum. Yo, pecador, me confieso a Dios todopoderoso, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos y a vos, Padre; que pequé gravemente con el pensamiento, palabra, y obra, (dándose tres golpes de pecho) por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos, y a vos, Padre, que roguéis por mí a Dios nuestro Señor.
Y el Celebrante, vuelto hacia el pueblo, absuelve a los comulgantes diciendo:
Sacerdote: Dios Todopoderoso tenga misericordia de vosotros, y perdonados vuestros pecados, os lleve a la vida eterna.
Monaguillo: Amen.
Sacerdote: Indulgentiam, U absolutionem et remissionem peccatorum vestrorum, tribuat vobis omnipotens et misericors Dominus.
Sacerdote: Dios Todopoderoso tenga misericordia de vosotros, y perdonados vuestros pecados, os lleve a la vida eterna
Monaguillo: Así sea.
Sacerdote: El Señor todopoderoso y misericordioso os conceda la absolución U y el perdón de vuestros pecados.
Monaguillo: Así sea.
Y mostrando la sagrada Hostia, para que al mirarla hagan un acto de fe en la real presencia de Jesús Sacramentado, a quien van a recibir como manjar, dice:
Sacerdote: Ecce Agnus Dei, ecce qui tolli peccata mundi Sacerdote: Ved aquí el Cordero de Dios, ved aquí al que quita los pecados del mundo.
Y repite tres veces y los fieles con él, dándose golpes de pecho:
Domine, non sum dignus ut intres sub tectum meum; sed tantum dic verbo et sanabitur anima mea. (tres veces) Señor, yo no soy digno de que entres en mi pobre morada, mas di una sola palabra y mi alma será salva. (tres veces)
Y se acercan a comulgar ordenadamente, con suma modestia y devoción, y los que no comulgan de hecho se unen a los comulgantes con el deseo. Al administrar la comunión, el Sacerdote dice cada vez:
Corpus Domini nostri Jesu UChristi custodiat animam tuam in vitam aeternam. Amen. El Cuerpo de Nuestro Señor U Jesucristo guarde tu alma para la vida eterna. Así sea
36. - Acción de gracias
Terminada la Comunión del Celebrante y de los fieles, sigue la acción de gracias, que el Sacerdote empieza al mismo tiempo que purifica el Cáliz, en esta forma:
Quod ore sumpsimus Domine, pura mente capiamus: et de munere temporali fiat nobis remedium sempiternum.
Corpus tuum, Domine, quod sumpsi, et Sanguis, quem potavi, adhaereat visceribus meis: et praesta, ut in me non remaneat scelerum macula, quem pura et sancta refecerunt sacramenta. Qui vivis et regnas in saecula saeculorum. Amen. Lo que hemos recibido, oh Señor, con la boca, acojamoslo con alma pura; y este don temporal se convierta para nosotros en remedio sempiterno.
Tu Cuerpo Señor, que he comido, y tu sangre que he bebido, se adhieran a mis entranas; y haz que ni mancha de pecado quede ya en mi, después de haber sido alimentado con un tan santo y tan puro Sacramento: Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Así sea.
37. - Comunión y Postcomunión
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(Cambian cada día y se encuentran en el Propio del Misal)
La "Comunión" es una antífonilla, resto del salmo que antiguamente cantaba la Schola al acercarse el pueblo a recibir la Comunión. La "Oración Postcomunión", corresponde, en número a la "Colecta" y a la "Secreta".El Sacerdote, dirigiéndose al Misal, reza la antífona llamada "Comunión". Antes de rezar la "Oración Postcomunión", se vuelve al pueblo y dice:
Sacerdote: Dominus vobiscum. Sacerdote: El Señor sea con vosotros.
Monaguillo: Et cum spiritu tuo. Monaguillo: Y con tu espíritu.
Y después de la Postcomunión, repite el mismo saludo:
Sacerdote: Dominus vobiscum. Sacerdote: El Señor sea con vosotros.
Monaguillo: Et cum spiritu tuo. Monaguillo: Y con tu espíritu.
38. - Despedida
Y nos despide diciendo:
Sacerdote: Ite missa est. Sacerdote: Idos la Misa ha concluido.
Monaguillo: Deo gratias. Monaguillo: Gracias sean dadas a Dios.
En lugar del "ite missa est", en las misas en que no se ha habido "Gloria in excelsis" se dice:
Sacerdote: Benedicamus Domino. Sacerdote: Bendigamos al Señor.
Monaguillo: Deo gratias. Monaguillo: Gracias sean dadas a Dios.
Y en las misas de Difuntos se dice:
Sacerdote: Requiescant in pace. Sacerdote: Descansen en paz.
Monaguillo: Amen. Monaguillo: Amen.
39. - Bendición final
El Celebrante profundamente inclinado sobre el altar, recomienda a la Santísima Trinidad el Sacrificio que acaba de celebrar, diciendo:
Placeat tibi sancta Trinitas, obsequium servitutis meae; et praesta, ut sacrificium, quod oculis tuae majestatis indignus obtuli, tibi sit acceptabile, mihique et omnibus, pro quibus illud obtuli, sit, te miserante, propitiabile. Per Christum Dominum nostrum. Amen. Séate agradable, Trinidad Santa, el homenaje de mi ministerio, y ten a bien aceptar el Sacrificio que yo, indigno, acabo de ofrecer en presencia de tu Majestad, y haz, que, a mi y a todos aquellos por quienes lo he ofrecido, nos granjee el perdón, por efecto de tu misericordia. Por J. N. S. Así sea.
Y levantando la mano derecha y haciendo con ella una cruz en el aire, bendice a los fieles (que deben estar de rodillas), diciendo:
Sacerdote: Benedicat vos omnipotens Deus, Pater, et Filius Uet Spiritus Sanctus.
Monaguillo: Amen
Sacerdote: Bendígaos Dios todopoderoso, Padre U e Hijo y Espíritu Santo.
Monaguillo: Así sea.
40. - Último Evangelio
Sacerdote: Dominus vobiscum.
Monaguillo: : Et cum spiritu tuo.
Sacerdote: Initium sancti Evangelii secundum Joannem.
Monaguillo: Gloria tibi Domine.
Sacerdote: In prinicipio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum. Hoc erat in principio ap ud Deum. Omnia per ipsum facta sunt, et sine ipso factum est nihil quod factum est. In ipso vita erat, et vita erat lux hominum: et lux in tenebris lucet, et tenebrae eam non comprehenderunt. Fuit homo missus a Deo, cui nomen erat Joannes. Hic venit in testimonium, ut testimonium perhiberet de lumine, ut omnes crederent per illum. Non erat ille lux, sed ut testimonium perhiberet de lumine. Erat lux vera quae illuminat omnem hominem venientem in hunc mundum. In mundo erat, et mundus per ipsum factus est, et mundus eum non cognovit. In propria venit, et sui eum non receperunt. Quotquot autem receperunt eum, dedit eis potestatem filios Dei fieri, his qui credunt in nomine ejus. Qui non ex sanguinibus, neque ex voluntate carnis, neque ex voluntate viri, sed ex Deo nati sunt. ET VERBUM CARO FACTUM EST, et habitavit in nobis et vidimus gloriam ejus, gloriam quasi unigeniti a Patre, plenum gratiae et veritatis.
Monaguillo: Deo gratias.
Sacerdote: El Señor sea con vosotros.
Monaguillo: Y con tu espíritu.
Sacerdote: Principio de santo Evangelio según San Juan.
Monaguillo: Gloria a Ti, Señor
Sacerdote: En el principio existia el Verbo y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio en Dios (1). Por El fueron hechas todas las cosas: y sin El no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas (2). En el estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres: y esta luz resplandece en medio de las tinieblas , mas las tinieblas no la recibieron (3). Hubo un Hombre enviado de Dios, que se llamaba Juan (4). este vino como testigo para dar testimonio de la luz, a fin de que por el todos creyesen. No era el la luz, sino el que debía dar testimonio de la Luz. (El Verbo) era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo no le conoció. vino a los suyos, y los suyos no le recibieron (5). Pero a todos los que le recibieron, que son los que creen en su nombre, dioles potestad de llegar a ser hijos de Dios: los cuales nacen no de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre, sino de Dios (6). Y EL VERBO SE HIZO CARNE (genuflexión) y habitó en medio de nosotros: y nosotros hemos visto su gloria(7), gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Monaguillo: Gracias sean dadas a Dios.
Oraciones Adicionales
(Indulgencia de 10 años)
Se dicen en las misas rezadas, y fueron impuestas por León XIII.
Sacerdote: Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Jesus.
Pueblo.:Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen. (tres veces)
Sacerdote: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Pueblo.: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amen. (tres veces)
Salve Regina, Mater misericordiae. Vita, dulcedo, et spes nostra, salve. Ad te clamamus exsules filii Hevae. Ad te suspiramus, gementes et flentes in hac lacrimarum valle. Eia ergo, Advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte. Et Jesum, benedictum fructum ventris tui, nobis post hoc exsilium ostende. O clemens, O pia, dulcis Virgo Maria. Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve, a ti clamamos los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce siempre Virgen María!
S.: Ora pro nobis, sancta Dei Genitrix. S.: Ruega por nosotros Santa Madre de dios
P.: Ut digni efficiamur promissionibus Christi. P.: Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
S.: Amen M.:Así sea.
S.: Oremus. - Deus refugium nostrum et virtus, populum ad te clamantem propitius respice; et intercedente gloriosa et immaculata Virgine Dei Genitrice Maria, cum beato Josepho ejus Sponso, ac beatis Apostolis tuis Petro et Paulo, et omnibus Sanctis, quas pro conversione peccatorum, pro libertate et exaltatione sanctae Matris Ecclesiae, preces effundimus, misericors et benignus exaudi. Per eumdem Christum Dominum nostrum.
P.: Amen.
S.: Oremos. - .Oh Dios, nuestro refugio y fortaleza! Mira propicio al pueblo que a Ti clama; y por la intercesión de la gloriosa e inmaculada siempre Virgen María, Madre de Dios, de San José, su esposo, y de tus santos Apóstoles Pedro y Pablo, y de todos los Santos; Escucha misericordioso y benigno las suplicas que te dirigimos pidiéndote la conversión de los pecadores, la exaltación y libertad de ;a Santa Madre Iglesia. Por J. N. S.
P.: Así sea.
S.: Sancte Michael Archangele, defende nos in praelio. Contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium. Imperet illi Deus, supplices deprecamur. Tuque princeps militiae caelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo divina virtute in infernum detrude. S.: San miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sed nuestro amparo contra la maldad y acechanzas del demonio. reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder, a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
S.: Amen M.:Así sea.
S.: Cor Jesu sacratissimum
M.: Amen.
S.:Corazón Sacratísimo de Jesus.
M.:Así sea.
(1) Al crear Dios el mundo, el Verbo, o sea, la Palabra substancial de Dios Padre, ya existía.
(2) El Verbo es la Sabiduría eterna, y por eso se dice aquí que el Padre hizo por Él todas las cosas.
(3) Dios, que todo lo inunda de su luz y que ilumina hasta las más densas tinieblas, halló y siempre halla resistencia en los hombres que están ofuscados por las tinieblas de los errores doctrinales o enceguecidos por los vicios.
(4) Este es San Juan Bautista, el Precursor del Señor. Su misión fue ser testigo y anunciador oficial del Verbo, que se hizo hombre, sin dejar de ser Dios, para ser la "luz del mundo".
(5) Jesucristo no fue reconocido como Dios ni recibido y tratado como tal ni siquiera por los de su pueblo, que era el pueblo judío. Hoy tampoco lo reconocen ellos ni muchos cristianos. Es la peor desgracia que a unos y otros puede caberles.
(6) A los que recibieron a Jesucristo, al aparecer en este mundo, creyendo en él, y a los que ahora lo recibimos con fe, nos da Dios la filiación de adopción divina, por las aguas regeneradoras del Bautismo.
(7) Así es en efecto, nosotros seguimos viendo la gloria de Jesucristo, en su doctrina, en sus milagros, en sus Santos, en los resplandores de su cuerpo místico.
La Santa Misa-Dom Gaspar Lefébvre O.S.B
La Santa Misa

Dom Gaspar Lefébvre O.S.B
La Misa es un Sacrificio.
Lo primero que jamás se ha de olvidar es que la Misa es un Sacrificio, un acto por el cual la Iglesia tributa oficialmente a Dios en nombre de todos, un culto supremo de adoración o de latría, que sólo a Él es debido en virtud de la excelencia incomparable de su divino Ser, de quien todo dimana, y a quien todo finalmente va a parar. Y así la Misa se ofrece tan sólo a las Tres personas de la Santísima Trinidad.
Sus Cuatro Fines.
Y precisamente el sacerdote, para reconocer el soberano dominio de Dios sobre las criaturas, ofrece a Dios a nuestro Señor Jesucristo mismo, el cual, al ser inmolado en la cruz, rindió al Padre un culto infinito de adoración y de gracias, de expiación y de impetración. El Sacrificio de la Misa, al poner en el altar la Víctima del Calvario, nos permite adorar por medio de ella y cual conviene a Dios, darle gracias dignamente por todos sus beneficios, aplacarle plenamente mediante la oblación de la Sangre de Jesús y pedirle favores, con la certeza de ser siempre atendidos, porque esas peticiones van hechas en nombre de Aquél que, con sólo mostrar al Padre sus gloriosas llagas, intercede por nosotros sin cesar en el cielo y en la Eucaristía.
La Misa y los Tiempos Litúrgicos.
Y como quiera que todos los misterios de la vida del Salvador cooperaron en unión con el del Calvario en nuestra salvación, la Iglesia celebra su aniversario en el Sacrificio de la Misa en las diferentes festividades del Ciclo Temporal, o Ciclo de Cristo. En Navidad, por ejemplo, se ofrece a Dios el divino Infante del pesebre con todo aquello en que más gloria dio Cristo al Padre, especialmente durante los años de su santa infancia. La Misa, pues, en todo ese tiempo, nos aplica de un modo muy especial las gracias particulares que Jesús entonces nos mereció, y que nos ayudarán a practicar cada año mejor las excelsas virtudes de que Jesús y María nos dieron ejemplo.
La Misa en Honor de los Santos.
La Misa se ofrece también en honor de los Santos, como lo demuestra el Ciclo Santoral; con lo cual se afirma que precisamente, merced a la Eucaristía - Sacrificio al par que Sacramento - llovió del cielo sobre los Santos tal torrente de gracias. Honrando a los Santos glorificamos la obra del Altísimo en ellos, que son sus obras maestras. También resulta un hermoso tributo de homenaje para los Santos el que unamos en el altar su memoria a la de Jesús; lo cual se hace siempre que celebramos el aniversario de su tránsito, y aun todos los días en el Canon de la Misa. Miembros como son del cuerpo místico de Cristo, es conveniente se les asocie al sacrificio de su Cabeza, ya que por sus trabajos y aun por su martirio, mezclaron su sangre con la de la Víctima divina. Por eso la Iglesia incrusta en el ara misma del altar las reliquias de los Santos y muy en especial de los Mártires en el sitio mismo en que se coloca la Sagrada Hostia. Dice a este propósito San Agustín, que toda la asamblea redimida, o sea, toda la sociedad de los Santos es el sacrificio universal, siendo ofrecida a Dios por el gran sacerdote que por nosotros se ofreció en su Pasión.
Es también para los Santos un gran honor, el mayor que dárseles pueda, el ofrecer a Dios en su nombre la Sangre de Jesucristo para adorar al Altísimo y para darle gracias por medio de Cristo, por las larguezas que con ellos usó. La eficacia de sus pasados méritos y de su oración actual suben de quilates cuando se presentan a Dios en unión con los méritos y plegarias de Jesús, Medianero universal; lo cual tiene lugar muy especialmente cuando el día de su fiesta se celebra la Misa en honor de los Santos. Parece como que Dios se complace más en la oblación de la Sangre de Jesús, cuando se pone a los Santos por medianeros. Así que, cuando asistimos a Misa, es preciso hagamos estas tres cosas:
1 - Recomponer el Cuadro Histórico del acontecimiento de la vida de Cristo o de alguno de sus Santos, acontecimiento cuyo aniversario se celebra. A eso tiende la Misa de los Catecúmenos, con los múltiples elementos que la integran: Ornamentos, Cantos, Introito, Epístola, Evangelio, etc.
2 - Ofrecer a Dios para su mayor honra y gloria el Misterio del Salvador o los actos de virtud practicados por el Santo que se festeja. (Canon de la Misa). No conviene - fuera del caso de necesidad - comulgar antes de haber hecho esa ofrenda, que a más de aplacar al Altísimo, nos garantiza los divinos favores.
3 - Pedir a Dios (en el Padrenuestro) y recibir por los méritos e intercesión de Jesús y de sus Santos las gracias que ellos recibieron cuando acá abajo vivían (lo cual es fruto de la Comunión y de la Poscomunión).
Si a este método, que es el método del Misal, se añade el canto del pueblo fiel, especialmente el Canto Gregoriano, en las misas cantadas solemnes, entonces será completa la participación activa en los sacrosantos Misterios; entonces sí que beberemos en ellos el genuino espíritu cristiano en su fuente primera e indispensable, conforme a los vivos anhelos de San Pío X.
Se puede decir que, en general, la mejor participación, el mejor modo de asistir al Santo Sacrificio consistirá en hacer nuestras las fórmulas que el mismo sacerdote reza, no tanto repitiéndolas maquinalmente, sino sacando de ellas reflexiones serias y piadosas que correspondan a los pensamientos expresados por las oraciones de la Misa.
Tal manera de asistir a la Santa Misa, al Santo Sacrificio parece ser la preparación ideal a la Santa Comunión, por ser la misma que la Iglesia impone al Papa, a los Obispos y a todos los Sacerdotes cuando celebran. Es además muy apta para desarrollar dentro del alma los sentimientos de contrición (desde el Introito hasta las oraciones); de fe (desde las oraciones hasta el Credo); de amor (en la Comunión), y de gratitud (desde las últimas oraciones hasta el fin); sentimientos todos indispensables para recibir con fruto la Eucaristía. La participación más cumplida en la Santa Misa, que es la Comunión, alcanza por ahí todos sus frutos, por ser ella una de las aplicaciones más perfectas de las condiciones requeridas por el Decreto de Su Santidad San Pío X para "cosechar más copiosos frutos de la Comunión. Esas condiciones son: una preparación más esmerada y una acción de gracias conveniente a la recepción del divino Sacramento"
La Misa es un Sacrificio. La primera cosa que jamás se ha de olvidar es que la Misa es un Sacrificio, un acto por el cual la Iglesia tributa oficialmente a Dios en nombre de todos, un culto supremo de adoración o de latría, que sólo a Él es debido en virtud de la excelencia incomparable de su divino Ser, de quien todo dimana, y a quien todo finalmente va a parar. Y así la Misa se ofrece tan sólo a las Tres personas de la Santísima Trinidad.
Sus Cuatro Fines. Y precisamente el sacerdote, para reconocer el soberano dominio de Dios sobre las creaturas, ofrece a Dios a nuestro Señor Jesucristo mismo, el cual, al ser inmolado en la cruz, rindió al Padre un culto infinito de adoración y de gracias, de expiación y de impenetración. El Sacrificio de la Misa, al poner en el altar la Víctima del Calvario, nos permite adorar por medio de ella y cual conviene a Dios, darle gracias dignamente por todos sus beneficios, aplacarle plenamente mediante la oblación de la Sangre de Jesús y pedirle favores, con la certeza de ser siempre atendidos, porque esas peticiones van hechas en nombre de Aquél que, con sólo mostrar al Padre sus gloriosas llagas, intercede por nosotros sin cesar en el cielo y en la Eucaristía.
La Misa y los Tiempos Litúrgicos. Y como quiera que todos los misterios de la vida del Salvador cooperaron en unión con el del Calvario en nuestra salvación, la Iglesia celebra su aniversario en el Sacrificio de la Misa en las diferentes festividades del Ciclo Temporal, o Ciclo de Cristo. En Navidad, por ejemplo, se ofrece a Dios el divino Infante del pesebre con todo aquello en que más gloria dio Cristo al Padre, especialmente durante los años de su santa infancia. Pues la Misa, en todo ese tiempo, nos aplica de un modo muy especial las gracias particulares que Jesús entonces nos mereció, y que nos ayudarán a practicar cada año mejor las excelsas virtudes de que Jesús y María nos dieron ejemplo.
La Misa en Honor de los Santos. Pero la Misa se ofrece también en honor de los Santos, como lo demuestra el Ciclo Santoral; con lo cual se afirma que precisamente, merced a la Eucaristía - Sacrificio al par que Sacramento - llovió del cielo sobre los Santos tal torrente de gracias. De manera que cede en honra de los Santos el que glorifiquemos así la obra del Altísimo en ellos, que son sus obras maestras. También resulta un hermoso tributo de homenaje para los Santos el que unamos en el altar su memoria a la de Jesús; lo cual se hace siempre que celebramos el aniversario de su tránsito, y aun todos los días en el Canon de la Misa. Miembros como son del cuerpo místico de Cristo, es conveniente se les asocie al sacrificio de su Cabeza, ya que por sus trabajos y aun por su martirio, mezclaron su sangre con la de la Víctima divina. Por eso la Iglesia incrusta en el ara misma del altar las reliquias de los Santos y muy en especial de los Mártires en el sitio mismo en que se coloca la Sagrada Hostia. Dice a este propósito San Agustín, que toda la asamblea redimida, o sea, toda la sociedad de los Santos es el sacrificio universal, siendo ofrecida a Dios por el gran sacerdote que por nosotros se ofreció en su Pasión.
Es también para los Santos un gran honor, el mayor que dárseles pueda, el ofrecer a Dios en su nombre la Sangre de Jesucristo para adorar al Altísimo y para darle gracias por medio de Cristo, por las larguezas que con ellos usó. La eficacia de sus pasados méritos y de su oración actual suben de quilates cuando se presentan a Dios en unión con los méritos y plegarias de Jesús, Medianero universal; lo cual tiene lugar muy especialmente cuando el día de su fiesta se celebra la Misa en honor de los Santos. Parece como que Dios se complace más en la oblación de la Sangre de Jesús, cuando se pone a los Santos por medianeros. Así que, cuando asistimos a Misa, es preciso hagamos estas tres cosas:
Recomponer el Cuadro Histórico del acontecimiento de la vida de Cristo o de alguno de sus Santos, acontecimiento cuyo aniversario se celebra. A eso tiende la Misa de los Catecúmenos, con los múltiples elementos que la integran: Ornamentos, Cantos, Introito, Epístola, Evangelio, etc.
Ofrecer a Dios para su mayor honra y gloria el Misterio del Salvador o los actos de virtud practicados por el Santo que se festeja. (Canon de la Misa). No conviene - fuera del caso de necesidad - comulgar antes de haber hecho esa ofrenda, que a más de aplacar al Altísimo, nos garantiza los divinos favores.
Pedir a Dios (en el Padrenuestro) y recibir por los méritos e intercesión de Jesús y de sus Santos las gracias que ellos recibieron cuando acá abajo vivían (lo cual es fruto de la Comunión y de la Poscomunión).
Si a este método, que es el método del Misal, se añade el canto colectivo del pueblo fiel, especialmente el Canto Gregoriano, en las misas cantadas solemnes, entonces será completa la participación activa en los sacrosantos Misterios; entonces sí que beberemos en ellos el genuino espíritu cristiano en su fuente primera e indispensable, conforme a los vivos anhelos de (San) Pío X.
Se puede decir que, en general, la mejor participación, el mejor modo de asistir al Santo Sacrificio consistirá en hacer nuestras las fórmulas que el mismo sacerdote reza, no tanto repitiéndolas maquinalmente, sino sacando de ellas reflexiones serias y piadosas que correspondan a los pensamientos expresados por las oraciones de la Misa.
Tal manera de asistir a la Santa Misa, al Santo Sacrificio parece ser la preparación ideal a la Santa Comunión, por ser la misma que la Iglesia impone al Papa, a los Obispos y a todos los Sacerdotes cuando celebran. Es además muy apta para desarrollar dentro del alma los sentimientos de contrición (desde el Introito hasta las oraciones); de fe (desde las oraciones hasta el Credo); de amor (en la Comunión), y de gratitud (desde las últimas oraciones hasta el fin); sentimientos todos indispensables para recibir con fruto la Eucaristía. La participación más cumplida en la Santa Misa, que es la Comunión, alcanza por ahí todos sus frutos, por ser ella una de las aplicaciones más perfectas de las condiciones requeridas por el Decreto de Su Santidad (San) Pío X para "cosechar más copiosos frutos de la Comunión. Esas condiciones son: una preparación más esmerada y una acción de gracias conveniente a la recepción del divino Sacramento"

Dom Gaspar Lefébvre O.S.B
La Misa es un Sacrificio.
Lo primero que jamás se ha de olvidar es que la Misa es un Sacrificio, un acto por el cual la Iglesia tributa oficialmente a Dios en nombre de todos, un culto supremo de adoración o de latría, que sólo a Él es debido en virtud de la excelencia incomparable de su divino Ser, de quien todo dimana, y a quien todo finalmente va a parar. Y así la Misa se ofrece tan sólo a las Tres personas de la Santísima Trinidad.
Sus Cuatro Fines.
Y precisamente el sacerdote, para reconocer el soberano dominio de Dios sobre las criaturas, ofrece a Dios a nuestro Señor Jesucristo mismo, el cual, al ser inmolado en la cruz, rindió al Padre un culto infinito de adoración y de gracias, de expiación y de impetración. El Sacrificio de la Misa, al poner en el altar la Víctima del Calvario, nos permite adorar por medio de ella y cual conviene a Dios, darle gracias dignamente por todos sus beneficios, aplacarle plenamente mediante la oblación de la Sangre de Jesús y pedirle favores, con la certeza de ser siempre atendidos, porque esas peticiones van hechas en nombre de Aquél que, con sólo mostrar al Padre sus gloriosas llagas, intercede por nosotros sin cesar en el cielo y en la Eucaristía.
La Misa y los Tiempos Litúrgicos.
Y como quiera que todos los misterios de la vida del Salvador cooperaron en unión con el del Calvario en nuestra salvación, la Iglesia celebra su aniversario en el Sacrificio de la Misa en las diferentes festividades del Ciclo Temporal, o Ciclo de Cristo. En Navidad, por ejemplo, se ofrece a Dios el divino Infante del pesebre con todo aquello en que más gloria dio Cristo al Padre, especialmente durante los años de su santa infancia. La Misa, pues, en todo ese tiempo, nos aplica de un modo muy especial las gracias particulares que Jesús entonces nos mereció, y que nos ayudarán a practicar cada año mejor las excelsas virtudes de que Jesús y María nos dieron ejemplo.
La Misa en Honor de los Santos.
La Misa se ofrece también en honor de los Santos, como lo demuestra el Ciclo Santoral; con lo cual se afirma que precisamente, merced a la Eucaristía - Sacrificio al par que Sacramento - llovió del cielo sobre los Santos tal torrente de gracias. Honrando a los Santos glorificamos la obra del Altísimo en ellos, que son sus obras maestras. También resulta un hermoso tributo de homenaje para los Santos el que unamos en el altar su memoria a la de Jesús; lo cual se hace siempre que celebramos el aniversario de su tránsito, y aun todos los días en el Canon de la Misa. Miembros como son del cuerpo místico de Cristo, es conveniente se les asocie al sacrificio de su Cabeza, ya que por sus trabajos y aun por su martirio, mezclaron su sangre con la de la Víctima divina. Por eso la Iglesia incrusta en el ara misma del altar las reliquias de los Santos y muy en especial de los Mártires en el sitio mismo en que se coloca la Sagrada Hostia. Dice a este propósito San Agustín, que toda la asamblea redimida, o sea, toda la sociedad de los Santos es el sacrificio universal, siendo ofrecida a Dios por el gran sacerdote que por nosotros se ofreció en su Pasión.
Es también para los Santos un gran honor, el mayor que dárseles pueda, el ofrecer a Dios en su nombre la Sangre de Jesucristo para adorar al Altísimo y para darle gracias por medio de Cristo, por las larguezas que con ellos usó. La eficacia de sus pasados méritos y de su oración actual suben de quilates cuando se presentan a Dios en unión con los méritos y plegarias de Jesús, Medianero universal; lo cual tiene lugar muy especialmente cuando el día de su fiesta se celebra la Misa en honor de los Santos. Parece como que Dios se complace más en la oblación de la Sangre de Jesús, cuando se pone a los Santos por medianeros. Así que, cuando asistimos a Misa, es preciso hagamos estas tres cosas:
1 - Recomponer el Cuadro Histórico del acontecimiento de la vida de Cristo o de alguno de sus Santos, acontecimiento cuyo aniversario se celebra. A eso tiende la Misa de los Catecúmenos, con los múltiples elementos que la integran: Ornamentos, Cantos, Introito, Epístola, Evangelio, etc.
2 - Ofrecer a Dios para su mayor honra y gloria el Misterio del Salvador o los actos de virtud practicados por el Santo que se festeja. (Canon de la Misa). No conviene - fuera del caso de necesidad - comulgar antes de haber hecho esa ofrenda, que a más de aplacar al Altísimo, nos garantiza los divinos favores.
3 - Pedir a Dios (en el Padrenuestro) y recibir por los méritos e intercesión de Jesús y de sus Santos las gracias que ellos recibieron cuando acá abajo vivían (lo cual es fruto de la Comunión y de la Poscomunión).
Si a este método, que es el método del Misal, se añade el canto del pueblo fiel, especialmente el Canto Gregoriano, en las misas cantadas solemnes, entonces será completa la participación activa en los sacrosantos Misterios; entonces sí que beberemos en ellos el genuino espíritu cristiano en su fuente primera e indispensable, conforme a los vivos anhelos de San Pío X.
Se puede decir que, en general, la mejor participación, el mejor modo de asistir al Santo Sacrificio consistirá en hacer nuestras las fórmulas que el mismo sacerdote reza, no tanto repitiéndolas maquinalmente, sino sacando de ellas reflexiones serias y piadosas que correspondan a los pensamientos expresados por las oraciones de la Misa.
Tal manera de asistir a la Santa Misa, al Santo Sacrificio parece ser la preparación ideal a la Santa Comunión, por ser la misma que la Iglesia impone al Papa, a los Obispos y a todos los Sacerdotes cuando celebran. Es además muy apta para desarrollar dentro del alma los sentimientos de contrición (desde el Introito hasta las oraciones); de fe (desde las oraciones hasta el Credo); de amor (en la Comunión), y de gratitud (desde las últimas oraciones hasta el fin); sentimientos todos indispensables para recibir con fruto la Eucaristía. La participación más cumplida en la Santa Misa, que es la Comunión, alcanza por ahí todos sus frutos, por ser ella una de las aplicaciones más perfectas de las condiciones requeridas por el Decreto de Su Santidad San Pío X para "cosechar más copiosos frutos de la Comunión. Esas condiciones son: una preparación más esmerada y una acción de gracias conveniente a la recepción del divino Sacramento"
La Misa es un Sacrificio. La primera cosa que jamás se ha de olvidar es que la Misa es un Sacrificio, un acto por el cual la Iglesia tributa oficialmente a Dios en nombre de todos, un culto supremo de adoración o de latría, que sólo a Él es debido en virtud de la excelencia incomparable de su divino Ser, de quien todo dimana, y a quien todo finalmente va a parar. Y así la Misa se ofrece tan sólo a las Tres personas de la Santísima Trinidad.
Sus Cuatro Fines. Y precisamente el sacerdote, para reconocer el soberano dominio de Dios sobre las creaturas, ofrece a Dios a nuestro Señor Jesucristo mismo, el cual, al ser inmolado en la cruz, rindió al Padre un culto infinito de adoración y de gracias, de expiación y de impenetración. El Sacrificio de la Misa, al poner en el altar la Víctima del Calvario, nos permite adorar por medio de ella y cual conviene a Dios, darle gracias dignamente por todos sus beneficios, aplacarle plenamente mediante la oblación de la Sangre de Jesús y pedirle favores, con la certeza de ser siempre atendidos, porque esas peticiones van hechas en nombre de Aquél que, con sólo mostrar al Padre sus gloriosas llagas, intercede por nosotros sin cesar en el cielo y en la Eucaristía.
La Misa y los Tiempos Litúrgicos. Y como quiera que todos los misterios de la vida del Salvador cooperaron en unión con el del Calvario en nuestra salvación, la Iglesia celebra su aniversario en el Sacrificio de la Misa en las diferentes festividades del Ciclo Temporal, o Ciclo de Cristo. En Navidad, por ejemplo, se ofrece a Dios el divino Infante del pesebre con todo aquello en que más gloria dio Cristo al Padre, especialmente durante los años de su santa infancia. Pues la Misa, en todo ese tiempo, nos aplica de un modo muy especial las gracias particulares que Jesús entonces nos mereció, y que nos ayudarán a practicar cada año mejor las excelsas virtudes de que Jesús y María nos dieron ejemplo.
La Misa en Honor de los Santos. Pero la Misa se ofrece también en honor de los Santos, como lo demuestra el Ciclo Santoral; con lo cual se afirma que precisamente, merced a la Eucaristía - Sacrificio al par que Sacramento - llovió del cielo sobre los Santos tal torrente de gracias. De manera que cede en honra de los Santos el que glorifiquemos así la obra del Altísimo en ellos, que son sus obras maestras. También resulta un hermoso tributo de homenaje para los Santos el que unamos en el altar su memoria a la de Jesús; lo cual se hace siempre que celebramos el aniversario de su tránsito, y aun todos los días en el Canon de la Misa. Miembros como son del cuerpo místico de Cristo, es conveniente se les asocie al sacrificio de su Cabeza, ya que por sus trabajos y aun por su martirio, mezclaron su sangre con la de la Víctima divina. Por eso la Iglesia incrusta en el ara misma del altar las reliquias de los Santos y muy en especial de los Mártires en el sitio mismo en que se coloca la Sagrada Hostia. Dice a este propósito San Agustín, que toda la asamblea redimida, o sea, toda la sociedad de los Santos es el sacrificio universal, siendo ofrecida a Dios por el gran sacerdote que por nosotros se ofreció en su Pasión.
Es también para los Santos un gran honor, el mayor que dárseles pueda, el ofrecer a Dios en su nombre la Sangre de Jesucristo para adorar al Altísimo y para darle gracias por medio de Cristo, por las larguezas que con ellos usó. La eficacia de sus pasados méritos y de su oración actual suben de quilates cuando se presentan a Dios en unión con los méritos y plegarias de Jesús, Medianero universal; lo cual tiene lugar muy especialmente cuando el día de su fiesta se celebra la Misa en honor de los Santos. Parece como que Dios se complace más en la oblación de la Sangre de Jesús, cuando se pone a los Santos por medianeros. Así que, cuando asistimos a Misa, es preciso hagamos estas tres cosas:
Recomponer el Cuadro Histórico del acontecimiento de la vida de Cristo o de alguno de sus Santos, acontecimiento cuyo aniversario se celebra. A eso tiende la Misa de los Catecúmenos, con los múltiples elementos que la integran: Ornamentos, Cantos, Introito, Epístola, Evangelio, etc.
Ofrecer a Dios para su mayor honra y gloria el Misterio del Salvador o los actos de virtud practicados por el Santo que se festeja. (Canon de la Misa). No conviene - fuera del caso de necesidad - comulgar antes de haber hecho esa ofrenda, que a más de aplacar al Altísimo, nos garantiza los divinos favores.
Pedir a Dios (en el Padrenuestro) y recibir por los méritos e intercesión de Jesús y de sus Santos las gracias que ellos recibieron cuando acá abajo vivían (lo cual es fruto de la Comunión y de la Poscomunión).
Si a este método, que es el método del Misal, se añade el canto colectivo del pueblo fiel, especialmente el Canto Gregoriano, en las misas cantadas solemnes, entonces será completa la participación activa en los sacrosantos Misterios; entonces sí que beberemos en ellos el genuino espíritu cristiano en su fuente primera e indispensable, conforme a los vivos anhelos de (San) Pío X.
Se puede decir que, en general, la mejor participación, el mejor modo de asistir al Santo Sacrificio consistirá en hacer nuestras las fórmulas que el mismo sacerdote reza, no tanto repitiéndolas maquinalmente, sino sacando de ellas reflexiones serias y piadosas que correspondan a los pensamientos expresados por las oraciones de la Misa.
Tal manera de asistir a la Santa Misa, al Santo Sacrificio parece ser la preparación ideal a la Santa Comunión, por ser la misma que la Iglesia impone al Papa, a los Obispos y a todos los Sacerdotes cuando celebran. Es además muy apta para desarrollar dentro del alma los sentimientos de contrición (desde el Introito hasta las oraciones); de fe (desde las oraciones hasta el Credo); de amor (en la Comunión), y de gratitud (desde las últimas oraciones hasta el fin); sentimientos todos indispensables para recibir con fruto la Eucaristía. La participación más cumplida en la Santa Misa, que es la Comunión, alcanza por ahí todos sus frutos, por ser ella una de las aplicaciones más perfectas de las condiciones requeridas por el Decreto de Su Santidad (San) Pío X para "cosechar más copiosos frutos de la Comunión. Esas condiciones son: una preparación más esmerada y una acción de gracias conveniente a la recepción del divino Sacramento"
TESORO DE LAS GRANDES UTILIDADES
TESORO DE LAS GRANDES UTILIDADES
QUE SE GANA EN CELEBRAR Y OÍR MISA
1 - San Bernardo, hablando de las utilidades de la Misa, dice: Que más merece el que devotamente oye una Misa (en gracia de Dios), que si peregrinara la dilatada espaciosidad de todo el mundo, y que si diera a los pobres su hacienda: pero mucho más el que celebra.
2 - El mismo Santo dice: Que el que devotamente y en gracia oyere Misa merece tanto como si fuera peregrinando. y visitara todos los Lugares Santos de Jerusalén, y caminara la demás Tierra Santa.
3 - San Buenaventura, con otros muchos Padres, dice: Que la santa Misa es el compendio de las maravillas que Dios ha hecho con los hombres.
4 - San Agustín dice: Que si alguno oyere devotamente la Misa, alcanzará grandes auxilios para no caer en pecado mortal, y se le perdonarán sus defectos y pecados veniales e imperfecciones.
5 - En otro lugar dice: Que todos aquellos pasos que uno da para oír Misa, son escritos y contados por su Ángel y por cada uno le dará el Altísimo Dios un grandísimo premio en esta vida mortal y perecedera.
6 - Refiere el mismo Santo: Que el oír devotamente Misa y ver el Santísimo Sacramento, ahuyenta al demonio del pecador.
7 - . Mas adelante refiere: Que al que oyere Misa entera no le faltará el sustento necesario y alimento para su cuerpo.
8 - El propio Santo dice: En aquel día que alguno viere en la Misa el Cuerpo y Sangre de Jesucristo, se le conservará la luz de la vida.
9 - En otro lugar continúa diciendo: Que mientras uno oye Misa no pierde el tiempo, sino que gana mucho, por muy dilatado que el sacerdote se esté en el sacrificio de la Misa.
10 - Mi gran Padre San Agustín, hablando con los que fueran muy devotos de las benditas almas del purgatorio, dice estas breves palabras: Quien por los difuntos oye Misa y ora, por sí propio trabaja: así el que ofrece por las almas lo que reza, por sí propio trabaja.
11 - San Anselmo dijo: Que más vale una Misa oída en vida, que mil dichas por la misma persona después de su muerte.
12 - El mismo Santo dice: Que una Misa sobrepuja y accede la virtud de todas las oraciones en cuanto a la remisión de la culpa y pena.
13 - En otro lugar dice: Que oír devotamente una Misa en vida o dar alguna limosna para que se celebre, aprovecha más que dejar para celebrarlas después de su muerte.
14 - San Gregorio dijo: Que el que devotamente oyere Misa, en aquel día se librará de muy grandes peligros y muchos males.
15 - En otro lugar dice: Porque ningún sacrificio hay en todo el mundo por el cual las almas de los difuntos con mayor presteza salgan y se libren de las penas del purgatorio, que por la sacratísima oblación y santo sacrificio de la Misa, como sienten los teólogos.
16 - El mismo santo dice: Que la pena de los vivos y de los difuntos se suspende mientras se celebra la Misa y principalmente en las almas de aquellos por quienes con especialidad el sacerdote ruega, ora y dice la Misa.
17 - Continúa el mismo Santo diciendo: Que por las Misas oídas y dichas con devoción, los pecadores se convierten a Dios, las almas se libran de las penas que por sus pecados merecían en el purgatorio. y los justos se conservan en el camino rectísimo de la justificación.
18 - Por último, dice el mismo San Gregorio: Que por las Misas que en la Iglesia se celebran, se convierten los infieles a la fe de Cristo, las almas de las penas del purgatorio vuelan al cielo y los Justos se afirman en la gracia de Dios.
19 - San Jerónimo dice: Que las almas que están en la penas del purgatorio, por las cuales el sacerdote ora y ruega en la Misa, no padecen ningún tormento mientras que el santo sacrificio de la Misa se celebra y dice por ellas.
20 - El mismo Santo dijo: Que por cualquier Misa con devoción celebrada y oída salen muchísimas almas de las penas dcl purgatorio, y a las otras que quedan en él se les disminuyen las muchas penas que allí padecen.
21 - San Alberto el Magno dice: Que el santo sacrificio de la Misa está tan lleno de misterios como el mar está lleno de gotas, como el sol de átomos, el firmamento de estrellas y como el cielo empíreo de muchísimos Ángeles..
22 - En otro lugar (Serm. 145) dice: Que el que en la Misa contemplare la Pasión y muerte de Jesús, merecerá más que si anduviese peregrinando a pie descalzo a los Lugares Santos de Jerusalén, y ayunara a pan y agua un año, y se azotara hasta derramar sangre de sus venas. y rezara trescientas veces el Salterio.
23 - San Cipriano dice: Que el santo sacrificio de la Misa es medicina para sanar las enfermedades. y holocausto para purgar las culpas.
24 - San Juan Crisóstomo dice: Que la celebración de la Misa en cierta manera, vale tanto cuanto vale la muerte de Cristo la cruz.
25 - Inocencio Papa dice: Que por la virtud del sacramento de la Misa todas las virtudes se aumentan y se acrecienta la gracia.
26 - Juan Bautista Mantuano dijo: Aunque Dios me diera cien lenguas, y con ellas una voz de acero que nunca se me gastara, no sería posible declarar y manifestar las utilidades, gracias, privilegios y grandes provechos que se ganan con asistir y oír Misa en gracia.
27 - San Bernardino de Sena dice: Que la Misa es el mayor bien que se puede ofrecer por las almas para librarlas y sacarlas del purgatorio y llevarlas a gozar de su santísima gloria.
28 - San Lorenzo Justiniano dice: Más agrada al Altísimo Dios el sacrificio de la Misa, que los méritos de todos los Ángeles.
29 - El Venerable Beda dice: Que si una mujer encinta oyere Misa. podrá esperar grandes auxilios en los dolores de su parlo. .
30 - Eugenio Papa dice: Que más aprovecha para la remisión de la culpa y pena oír una Misa, que todas las oraciones de todo el mundo.
31 - El Concilio de Trento: Que por el santo sacrificio de la Misa se aplaca a Dios, y concede la gracia y don de la penitencia.
32 - El santo sacrificio de la Misa, dice San Francisco de Sales, es el corazón de la devoción, el alma de la piedad y el centro de la Religión.
33 - Concluyendo, dice el Doctor Angélico Santo Tomás de Aquino: Que los efectos que causa el santo sacrificio de la Misa y el oírla, son los siguientes: Resiste a los malos pensamientos. Destruye los pecados. Mitiga el aguijón de la carne, Da fuerzas al alma para batallar contra los enemigos. Perdona los pecados veniales. Purifica, limpia y purga el corazón. Alienta a obrar bien. Aumenta la castidad. Acrecienta el fervor de la caridad. Da fuerzas para sufrir las cosas adversas y llena el alma de todas las virtudes. Y, en fin, por decirlo de una vez, cuantos frutos, gracias, privilegios y dones recibimos de la mano del Altísimo Dios, todos son por la sagrada muerte y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, la cual se representa en el Sacrificio de la Misa.
QUE SE GANA EN CELEBRAR Y OÍR MISA
1 - San Bernardo, hablando de las utilidades de la Misa, dice: Que más merece el que devotamente oye una Misa (en gracia de Dios), que si peregrinara la dilatada espaciosidad de todo el mundo, y que si diera a los pobres su hacienda: pero mucho más el que celebra.
2 - El mismo Santo dice: Que el que devotamente y en gracia oyere Misa merece tanto como si fuera peregrinando. y visitara todos los Lugares Santos de Jerusalén, y caminara la demás Tierra Santa.
3 - San Buenaventura, con otros muchos Padres, dice: Que la santa Misa es el compendio de las maravillas que Dios ha hecho con los hombres.
4 - San Agustín dice: Que si alguno oyere devotamente la Misa, alcanzará grandes auxilios para no caer en pecado mortal, y se le perdonarán sus defectos y pecados veniales e imperfecciones.
5 - En otro lugar dice: Que todos aquellos pasos que uno da para oír Misa, son escritos y contados por su Ángel y por cada uno le dará el Altísimo Dios un grandísimo premio en esta vida mortal y perecedera.
6 - Refiere el mismo Santo: Que el oír devotamente Misa y ver el Santísimo Sacramento, ahuyenta al demonio del pecador.
7 - . Mas adelante refiere: Que al que oyere Misa entera no le faltará el sustento necesario y alimento para su cuerpo.
8 - El propio Santo dice: En aquel día que alguno viere en la Misa el Cuerpo y Sangre de Jesucristo, se le conservará la luz de la vida.
9 - En otro lugar continúa diciendo: Que mientras uno oye Misa no pierde el tiempo, sino que gana mucho, por muy dilatado que el sacerdote se esté en el sacrificio de la Misa.
10 - Mi gran Padre San Agustín, hablando con los que fueran muy devotos de las benditas almas del purgatorio, dice estas breves palabras: Quien por los difuntos oye Misa y ora, por sí propio trabaja: así el que ofrece por las almas lo que reza, por sí propio trabaja.
11 - San Anselmo dijo: Que más vale una Misa oída en vida, que mil dichas por la misma persona después de su muerte.
12 - El mismo Santo dice: Que una Misa sobrepuja y accede la virtud de todas las oraciones en cuanto a la remisión de la culpa y pena.
13 - En otro lugar dice: Que oír devotamente una Misa en vida o dar alguna limosna para que se celebre, aprovecha más que dejar para celebrarlas después de su muerte.
14 - San Gregorio dijo: Que el que devotamente oyere Misa, en aquel día se librará de muy grandes peligros y muchos males.
15 - En otro lugar dice: Porque ningún sacrificio hay en todo el mundo por el cual las almas de los difuntos con mayor presteza salgan y se libren de las penas del purgatorio, que por la sacratísima oblación y santo sacrificio de la Misa, como sienten los teólogos.
16 - El mismo santo dice: Que la pena de los vivos y de los difuntos se suspende mientras se celebra la Misa y principalmente en las almas de aquellos por quienes con especialidad el sacerdote ruega, ora y dice la Misa.
17 - Continúa el mismo Santo diciendo: Que por las Misas oídas y dichas con devoción, los pecadores se convierten a Dios, las almas se libran de las penas que por sus pecados merecían en el purgatorio. y los justos se conservan en el camino rectísimo de la justificación.
18 - Por último, dice el mismo San Gregorio: Que por las Misas que en la Iglesia se celebran, se convierten los infieles a la fe de Cristo, las almas de las penas del purgatorio vuelan al cielo y los Justos se afirman en la gracia de Dios.
19 - San Jerónimo dice: Que las almas que están en la penas del purgatorio, por las cuales el sacerdote ora y ruega en la Misa, no padecen ningún tormento mientras que el santo sacrificio de la Misa se celebra y dice por ellas.
20 - El mismo Santo dijo: Que por cualquier Misa con devoción celebrada y oída salen muchísimas almas de las penas dcl purgatorio, y a las otras que quedan en él se les disminuyen las muchas penas que allí padecen.
21 - San Alberto el Magno dice: Que el santo sacrificio de la Misa está tan lleno de misterios como el mar está lleno de gotas, como el sol de átomos, el firmamento de estrellas y como el cielo empíreo de muchísimos Ángeles..
22 - En otro lugar (Serm. 145) dice: Que el que en la Misa contemplare la Pasión y muerte de Jesús, merecerá más que si anduviese peregrinando a pie descalzo a los Lugares Santos de Jerusalén, y ayunara a pan y agua un año, y se azotara hasta derramar sangre de sus venas. y rezara trescientas veces el Salterio.
23 - San Cipriano dice: Que el santo sacrificio de la Misa es medicina para sanar las enfermedades. y holocausto para purgar las culpas.
24 - San Juan Crisóstomo dice: Que la celebración de la Misa en cierta manera, vale tanto cuanto vale la muerte de Cristo la cruz.
25 - Inocencio Papa dice: Que por la virtud del sacramento de la Misa todas las virtudes se aumentan y se acrecienta la gracia.
26 - Juan Bautista Mantuano dijo: Aunque Dios me diera cien lenguas, y con ellas una voz de acero que nunca se me gastara, no sería posible declarar y manifestar las utilidades, gracias, privilegios y grandes provechos que se ganan con asistir y oír Misa en gracia.
27 - San Bernardino de Sena dice: Que la Misa es el mayor bien que se puede ofrecer por las almas para librarlas y sacarlas del purgatorio y llevarlas a gozar de su santísima gloria.
28 - San Lorenzo Justiniano dice: Más agrada al Altísimo Dios el sacrificio de la Misa, que los méritos de todos los Ángeles.
29 - El Venerable Beda dice: Que si una mujer encinta oyere Misa. podrá esperar grandes auxilios en los dolores de su parlo. .
30 - Eugenio Papa dice: Que más aprovecha para la remisión de la culpa y pena oír una Misa, que todas las oraciones de todo el mundo.
31 - El Concilio de Trento: Que por el santo sacrificio de la Misa se aplaca a Dios, y concede la gracia y don de la penitencia.
32 - El santo sacrificio de la Misa, dice San Francisco de Sales, es el corazón de la devoción, el alma de la piedad y el centro de la Religión.
33 - Concluyendo, dice el Doctor Angélico Santo Tomás de Aquino: Que los efectos que causa el santo sacrificio de la Misa y el oírla, son los siguientes: Resiste a los malos pensamientos. Destruye los pecados. Mitiga el aguijón de la carne, Da fuerzas al alma para batallar contra los enemigos. Perdona los pecados veniales. Purifica, limpia y purga el corazón. Alienta a obrar bien. Aumenta la castidad. Acrecienta el fervor de la caridad. Da fuerzas para sufrir las cosas adversas y llena el alma de todas las virtudes. Y, en fin, por decirlo de una vez, cuantos frutos, gracias, privilegios y dones recibimos de la mano del Altísimo Dios, todos son por la sagrada muerte y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, la cual se representa en el Sacrificio de la Misa.
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